AMANTES MUTANTES

Marimandi, una solterona del montón vuelve a la carga porque esta sequía no es buena. Han cambiado algo las cosas pero no importa, ahora puede que haya nuevas historias pero las reflexiones mordaces seguirán siendo las mismas. También la autocrítica destructiva propia del género femenino, ¿qué haríamos sin ella? Sería como salir con la ropa del día de la lavadora, aquella que no combina y con la que te sientes un bicho raro a la espera de esas miradas de soslayo que te dicen… mira que eres… cutre.

Teniendo en cuenta que llevo meses sin escribir, perdonad quizás por haber perdido el tranquillo o por no pillar el punto así de primeras.

Ahora todo ha cambiado. Una ya no es solterona, una condición que cambió hace más de un año y que se mantiene. Es algo raro en ti que eres la reina del boicot sentimental y parece que esto sale bien… biennnnnnn. Chica que comedida te has vuelto cuando siempre has sido la princesa del esperpento y la expresividad… o simplemente ahora te has dado cuenta que esas cosas no se llevan con la treintena, ahora debes ser una mujer refinada propia de tu estatus social, CON PAREJA.

Y de eso hablaremos hoy… qué ocurre cuando a tu factor persona le unes una nueva persona y nace la palabra PAREJA. Pues que todo muta, cambia y a tomar por el saco todos los ideales de soltera porque para eso eran ideales y por eso se piensan cuando estás soltera. Punto y final.

Adiós a ese maravilloso compromiso con el género humano que habías adquirido sobre la necesidad intrínseca de convertirte al “Hombre”. Tu que te las prometías felices diciendo que nunca más montarías en bicicleta, que no harías deporte más allá del habitual o que nunca accederías a esa majaderías masculinas de las reuniones con amigos que siempre acaban hablando de las mujeres como si fueran pescadillas por kilos. Ahora participas activamente en todas las maravillosas actividades que te proponen… vaya a ser… que después nunca se sabe y al final las conviertes en parte de tu ADN sin saberlo.

Las hay más suertudas y que mutan también parando su actividad habitual para ponerse en modo Ameba a la espera de que la tranquilidad se meta por las venas y al final envuelva sus vidas. En este caso la mutación es más hacia lo reflexivo de la relación con horas en el sofá mirando programas de La 2. Y que bonito es el amor más que nada en primavera… porque es entonces cuando el gusanillo de la actividad entra dentro de ti y es entonces cuando descubres el maravilloso mundo del sector primario. Ese que te tiene reservadas intensas sesiones de recogida de almendras y aceitunas, que unen mucho, y hacen que lo de ir al gimnasio sea un tontuna. Las agujetas saben mejor cuando son compartidas, saben a beso cuando el sudor empaña todo tu cuerpo y son irresistibles con esa marca de roña bajo el cuello y tras las orejas propias del polvo del campo. Y que bonito es el amor.

Otras se transforman en pescadoras de élite. Ese deporte antinatura para la mujer que no te permite ni moverte, ni hablar y mucho menos comentar la jugada. Todo porque no hay jugada, al margen de un pantano oliendo a sardinilla, unas aguas oscuras de las que puede salir un monstruo marino, y tú allí con tu gorrilla de la Caja Rural, la crema factor 50 hasta en los dientes y esa ropa de domingo que no te habías puesto desde el último curso de la ESO.

Pero ahí no queda la cosa. Porque también cambias de ver el mundo a través de la comida. Y es que en muchos casos con la llegada del nuevo estatus pillas unos kilos de más porque tú nunca comías cosas que ahora forman parte de su menú. Nunca habías sido muy amiga de la llamada casquería, y ahora te descubres untando la puntilla de pan en la salsa de unos callos, o simplemente consumiendo carbohidratos para cenar… ¡¡¡para cenar!!!

Todos esos cambios son normales. Lo mejor de todo es que los ves en todas tus amigas, cada una en su medida, y respiras pensando que no eres la única, que siempre nos ocurre a todos pero ¿cuánto nos va a durar? ComicineMutantes02

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¿DÓNDE VAS CON ESO?

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Tras la vuelta de vacaciones toca deshacer maletas, poner lavadoras y ordenar tu vida que ha cambiado un poco su rumbo en cosa de cuatro días. Sí las vacaciones nos cambian a todas las mujeres, son un salto al vacío en aquello de la relación incipiente, pasar más tiempo con el amor de tu vida, el que toca ahora amigas y también es la ranura de la caja de Pandora de todas esas manías/chorradas/morros arrugaos del que por vez primera hacemos gala porque maravillosas siempre es casi imposible. En este post Marimandi analiza el pre, el mientras y el postvacacional.

Llega la Semana Santa y planea sobre la cabeza de una la posibilidad de darte a conocer al completo, de darte a entender de mala manera con tus manías de chica soltera que no sueltas ni por todo el oro del mundo, aunque sea ruso el oro… ¿Para qué?… Si todas esas cosas son personalidad, la tuya propia mujer… si a mí me gusta todo lo tuyo… (si pudiera ahora mismo haría la trompetilla con los dedos) porque eso no es una mentira, eso es un embuste del tamaño de la torre de Pisa por lo de grande y por lo de poco recta.

A lo nuestro… después de dar la chapa consigues meter en la cabeza de tu nuevo affaire el hecho de irte unos “diitas” por ahí, nada serio, para airearnos y para ver mundo. Ni que fueras una princesa encerrada en una torre de papel pero chica que como dicen los catalanes… “qui no plora no mama…”. Y entonces se inicia la maquinaria esa de la vida normal… y los dimes y diretes de ¿y dónde vamos? Tú sabes perfectamente que esta vez será la primera y la única en la que tú cederás en pro del amor recién iniciado porque claro a tí, personalmente, te va más la playa que dorarte al sol que las escapadas por el maravilloso Pirineo, con las zapatillas de monte, las mallitas apretadas y esa chaqueta que te has comprado de extranjis antes de iniciar las vacaciones haciendo ver que hacía siglos que la tenías en el armario… tú toda maravillosa y él sabiéndose todos los nuevos modelos de cortavientos de la marca elegida. Felala, más que felala.

La segunda piedra en el camino es decidir, si vamos a dormir fuera o simplemente será algo de ir y venir. Y finalmente se escoge lo segundo porque total… si estamos aquí al lado… y tú lo agradeces y mucho. En este punto te das cuenta que a veces la mente masculina va siglos por delante y te ayuda a no retratarte de manera innecesaria porque date cuenta que salir a estas alturas de la película haría que tú en vez de llevarte una maleta de mano te llevaras la trolley. Imagina que vais a la playa… válgame dios bendito, un modelito si hace calor, un modelito si hace tiempo medio, dos chaquetas (que combinen) si hace frío, las zapatillas, unos zapatitos porque nunca se sabe y el nunca se sabe va en aumento y por supuesto la ropa comodín, el negro, porque entre tanto ocio y tanta comilona tu mente calenturienta se pone en marcha y ve las lorzas como los molinos del propio Quijote de la Mancha. A ello hay que sumar algún vestido por si me apetece, por supuesto y que no menos importante todas las joyas de la corona en una cajita y lo más más más importante todo el maquillaje. Que parece que hayas robado la sección de perfumería y maquillaje del Corte Inglés. Y para ti todo es importante, todo es irremplazable y todo es necesario. Porque nunca se sabe.

Y el nunca se sabe también se extrapola al viaje en coche. Y tú que llevas un bolso que parece la maleta no visible de Marco… que el mozo se recorrió el mundo con un zurrón… eso no se lo cree nadie, y llegas con tu bolsa de aprovisionamiento porque nunca se sabe cuando se acabará el mundo y si ha de acabarse que se haga con la tripa llena. Y tú que eres muy bien queda e imitas a tu madre en algunos menesteres aunque no quieras asumirlo compras una bolsa de aperitivos de cada clase, echas algo de azúcar, algo de chocolate y tres o cuatro tipos de refrescos para empapar. Y él desde su asiento, con el cigarro en la boca, te dice… y ¿dónde vas con eso? Tú parafraseando a tu madre contestas ya me pedirás algo ya… el cuento del nunca acabar y sigue porque tú en el bolso llevas tres paquetes de clínex, el tarro de crema, el protector labial y también los kilos de consejos de esos que va soltando siempre a lo largo de todo viaje en coche. Lo único que te falta y que sin duda llegará con los años será el dispositivo ese oculto que está en el codo de todas nosotras para cogernos del agarre de la puerta del copiloto… lo hace tu madre, lo hacen tus tías y lo sigue haciendo tu abuela.

Puestos en canción… hay que elegir la banda sonora para el primer viaje, las primeras fotos, los primeros silencios incómodos porque llega un momento que chica pareces el lorito de la vecina y casi es mejor mirar por la ventanilla y dejarse llevar por la música. Y ahí se abre otro mundo porque todo el mundo es lo que escucha… y menudo bajón imaginarse al hombre de tus sueños con el último disco de Pablo Alborán, que sí, que muy sensible pero a todas “nos pone” que sea Extremoduro, Loquillo o algo parecido lo que suena en su coche… en el fondo así lo pensamos y estamos con los dedos cruzados hasta que suenan los primeros acordes… suspiras y piensas… me he salido normalito.

En mi caso el viaje en coche es toda una odisea porque me mareo como una sopa. Como buena soltera te has acostumbrado a conducir, sola y autosuficiente, y ahora compartes el asiento del copiloto a sabiendas que tarde o temprano tu estómago dirá… “soy yo, el que está aquí… soy yo te lo digo a ti…” y está. Está ahí y las nauseas también, el dolor de cabeza como si estuvieras de resaca continua y sobre todo está esa dignidad tuya… y la respuesta “No, no, todo bien a su pregunta… ¿Va todo bien?”. Te piensas que es tonto y que esa blancura tuya tornada en un tenue amarillo pasa desapercibida… pues no lo hace aunque él sea él.

Y tachánnn… Llegas y delante de ti hay un sendero de piedras, un nada sólo es un par de horas, un cariño ves que bonito está el monte, un ves ya ye he sacado de casa… porque aiii amigas ese es el comentario más extendido entre el género masculino, ese que se recoloca el paquete a cada décima de segundo dice entre sus amigotes… “chica no se de qué te quejas porque ya te he sacado de casa”. Y tú entre risas y con el mal café más quemado que el torrefacto piensas para tus adentros… aiii arrieritos somos y en el camino nos encontraremos… nunca sabes cuál será tu comentario para estar a esa altura pero no será porque tú no vayas a intentarlo.

Y cuando ya te han sacado de casa y se te encara una subida de esas buenas… se inicia el desarme de las dos partes, porque el también juega con las cartas marcadas y ahí… ahí creo que es donde nace el amor porque el te mira ilusionado mientras híperventilas, tu lo admiras mientras saliva a la espera de acabar con la sed del mundo, porque tú te pones roja como un tomate mientras te palpitan las mejillas y la frente y él llega arriba sabiéndose que está hecho polvo pero muy entero… para decirte casi sin aliento… Ves mujer no era para tanto…

Y nada es para tanto y todo suma y sirve para conocer a esa personita que como tú se ríe entre dientes de tus chinadas monumentales, te observa muy atentamente mientras maduras como el tomate al sol y a pesar de ello, sigue no siendo para tanto que sudes, que el coletero cuelgue como un manojo de llaves mal colgadas o simplemente el maquillaje haya desaparecido… Porque se ríe de los kilos de gusanitos, ruedetas, pelotazos que vais a comer en los próximos meses o te perdona que lleves un bolso del tamaño de un petate militar al que te asomas para buscar un clínex, o cualquier chorrada y te mira embelesado cuando de vuelta a casa debe parar el coche en una cuneta y a distancia, siempre a distancia, te dice de la manera más seria posible ¿Cariño, estás bien?

L@S AMIGOS…

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Cuando vuelves a emparejarte… vuelven las obligaciones, muchas gustosas, otras no tanto para que mentir, pero una de las que no te escapas ni con un rebrote de varicela con pústulas feas feas… es el hecho de conocer a nuevos amigos. Marimandi analiza el proceso y mecanismo de conocer a los amigos, esos tíos y no menos importante, las tías, que son las que verdaderamente mueven el cotarro en las cuadrillas masculinas. ¡Qué recuerdos de mi etapa euskalduna!

Echarse novio, pareja, arrime… como se quiera llamar implica muchas cosas nuevas. En mi caso repetir procesos de los que ya no te acordabas y que siguen siendo igual de complicados. No por molestos sino por la preparación mental con la que tienes que ir de antemano porque nunca se sabe… Y un día de esos, el que menos te esperas, estás en casa en pijama y tu “amigo” recibe un whassap con una invitación obligada para tomar unas cañas con sus “amigos”. Esos que conoces de oídas, apenas te acuerdas de sus motes, y de los que sólo conoces su faceta más hardcore en plena borrachera. Tras esa invitación te viene a la mente todo aquello de lo que has hablado con una copa de vino y que ahora vuelve a tu cabeza como si fueras la secretaria de una Empresa de Trabajo Temporal con los mejores curriculums sobre la mesa.

Y ahí ya… chata… lo tienes todo perdido. Tú que ya conoces el percal preguntas como quien no quiere la cosa… ¿Va alguna chica? Y la respuesta siempre es afirmativa. Y tu “pareja, amigo” cree que es algo positivo en cuanto a lo de la sociabilización femenina pero a veces… es el escollo que existe en cualquiera de las cuadrillas masculinas habidas y por haber. Y más si es la única mujer entre tanto hombre, a los que trata con un cariño, raro, raro, raro… y que guarda con un celo nada normal… Tú llegas de nuevas, y ello requiere media hora más ante el espejo, doble dosis de quitamanchas, tres kilos de corrector, dos toneladas de iluminador, bien de chapa y pintura… te pones de negro vaya a ser que sentada con el taburete visualice la lorza esa que tiene la manía de no desaparecer aunque tú te metas con ella, la insultes, la maltrates, ella sigue ahí cual perro pulgoso.

Acabas el proceso, a veces ni te reconoces de cuanto te has afanado en que la cara parezca la pared enrasada de cualquier obra y listos… a la calle. Y mientras vas en coche, con la radio a medio gas, te preparas sabiendo que las primeras impresiones son las que cuentan. Tú sabes a pies juntillas que entrar altiva es ir de sobrada, entrar escondiéndote te hace débil y entrar con una sonrisa, ¿acaso la gente entra sonriendo en los bares? Ya sabes que eres caballo perdedor ante tantos parámetros negativos… y tú que has aprendido más que un crío de Primaria decides dejarte llevar y que sea lo que Dios quiera. Y Dios quiere que los tíos sean estupendos, majísimos, divertidos, y te hagan el mal trago algo más fácil de engullir. Habladores, los mejores entrevistadores del mundo y sobre todo sabes que en esas miradas ya turbias por la cerveza no se esconde nada más allá. Si fuera por ellos el pobre Iker Jiménez no tendría nada que hacer… Y adiós a cuarto milenio. Pero cuando ya estabas tranquila, siendo tu misma, aparece la reina de la manada.

Y ella que los conoce a todos y se sabe todos los motes, te hace un marcaje que ni los perros con los neumáticos nuevos. Todo comienza con un ¡Ah. Hola!, saludo como si fueras una cucarachita pequeña y negra a la que saluda por ¿educación? Y ya… no hay remedio. Se pasa el rato mirándote de arriba abajo, te busca imperfecciones, te mide como si llevara un metro de esos con lucecita cada peca, imperfección y se queda media hora mirándote las tetas. Apura la mirada, aprieta los ojos, calculando la copa, el contorno, si la tira se cae porque eres de hombro liso, etc. La cosa se pone complicada cuando los hombres te piden una tapa, de esas que chorrean por los lados y que ellos engullen de golpe, ni paladean, y tú piensas, te haces una tesis doctoral de cómo cogerla para que no te caiga el chorrete, haces participaciones mentales para parecer finísima, sin perder la compostura y sobre todo siendo muy “fina y segura”. Lo consigues y te reafirmas pasando la lengua por los dientes, muchas veces y con violencia, como tu madre cuando pasaba el cepillo antes de lavar de pantalones campana tras una noche de borrachera. Perfecta.

Prueba superada y ahora llegan las copas. Y tú que hace siglos que no te bebes un cubata, que eres de borrachera sostenible con dos cervezas y punto, te apuras pensando que “bebía yo en la etapa del mesozoico”. Y aparece el vodka-naranja, recuerdas que eso no dejaba resaca y que podía beberte entre tres y cuatro sin apenas problema. Y lo pides… y ella se gira como si hubieras blasfemado a un nivel inusitado… ¿Eso? Ufff eso lo bebía en la Universidad. “Anda y yo también”. Ella se pide un gin tonic con nombres imposibles, no se cuentas pimientas y una rodaja de pepino. Será que se ha quedado con hambre la chica esta…Todo muy cool. Con pajita… que es mucho más glamuroso y permite afinar la vista cuando tu amigo te da un beso en el cuello. “HEREJES”.

Y lo mejor llega cuando los hombres se ponen a bailar, a su estilo, sumándose ella, siendo la reina de la fiesta, moviendo el culo y la cadera como nunca. Y digo nunca porque su novio la mira entre la incredulidad y la vergüenza ajena por lo que le coge la copa, la deja en la barra y la aparta del grupo… Pero ella sigue… Sigue queriendo desestabilizarte ante un miedo infundado porque tú estas más “giñada” que ella. Y acaba la noche… y tú vuelves a su casa… sabiendo que ellos son un encanto, que seguramente se acordarán de tu nombre y te saludarán cuando te vean. Y así es. Y también sabes que volverás a coincidir con ella, siempre acompañadas por vuestros respectivos, y te dirá “Ah sí, ¿cómo te llamabas”. Tú que además tienes un nombre de lo más común y del que la gente se suele olvidar.

Y las cañas son caldo de cultivo para más post… porque tú no conoces a nadie pero chica parece que a tí te conoce hasta el apuntador, incluso te apuntan con el dedo, o los más desvergonzados se acercan y te piden referencias como si fueran tu casero, pidiendo un mes por adelantado, la nómina y una declaración jurada de lo buena persona que eres.

En el fondo eso nos pasa a nosotras y también a ellos. Las mujeres también tenemos amigas, aquellas que son unas secas y que no sonríen ni por imposición de bando municipal, las amigas majas que de tan majas se hacen pesadas, las charlatanas que te ponen la cabeza como un bombo o simplemente la subidita de tono, y de tonto, que mira de soslayo calibrando la belleza de una con la suya… pensando… pues no sé que tiene ella que no tenga yo… y cuidado con esas… que son las peores, son de las que robaban el color carne en la clase de preescolar y jodían al resto pintando las caras de color rosa tocino, o naranja apache, para el resto del curso.

SILENCIOS ¿INCONMODOS?

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Marimandi sigue a la carga… vuelven a la mente muchos temas de esos que se merecen un post y de los buenos. Y entre ellos los silencios… porque queridas que complicados son los silencios y que cabrones también. Y esta circunstancia que a nosotras nos maltrata, bueno para ser justas, con la que nos maltratamos porque somos más masocas que los protagonistas de 50 sombras de Grey, no nos hace falta ni fusta, ni esposas, ni cintas en los ojos… echamos a volar con nuestra imaginación y tocamos el cielo de la invención supina. Y cuando la persona que tienes delante tiene la maravillosa fórmula mágica de no contestar… ya ni te cuento.

Tú que estas empezando etapa, que pruebas la comodidad de no dormir siempre sola, de compartir baño, de oler a hombre a diario y de estar estupenda siempre… cuando digo estupenda es estupenda… que te has comprado un pijama conjuntado para ir radiante, que has abandonado los calcetines de muñequitos porque… chica con la treintena eso para tu casa, que sólo usas las bragas de algodón cuando sabes que no lo vas a ver y si te visita por sorpresa, tú muy fina, entras en el baño con la braguita de blonda negra para cambiarla por la de cuello vuelto y color visón. Ya tendrá tiempo de acostumbrarse a este tipo de bragas de vieja que te ayudan a paliar los efectos de la edad, de las malas digestiones y que te hacen algo de culo cuando el tuyo es una de las paredes de los Mallos de Riglos, para los foráneos, culo plano.

Y todos estos cambios que a priori son gustosos y los haces de mil amores, porque los mil amores, también se acaban ehhh. Vamos a ser sinceras porque nosotras somos estupendas hasta que se nos cruza el aire y allí fustigamos a los hombres haciendo las cosas a regañadientes y dejando constancia de lo arduo, complicado y ufff… insufrible que es cocinar, limpiar o simplemente estirar las sábanas cuando tú siempre lo hacías de mil amores. Que los amores se restan conforme aumenta el ceño de muchas de nosotras. Y más de una leerá y dirá… yo no. Jajaja. Hace falta más autocrítica.

Aparejado a los mil amores va aquello de las conversaciones interminables sobre cualquier tema… horas y horas hablando sobre el aborto de la gallina con puntualizaciones propias de Punset, disertaciones de media hora que siempre acaban con un beso en la boca, un trago de vino, y una mirada de esas que te mueven el alma. Con el tiempo las conversaciones cambian, los temas se vuelven más mundanos, la lista de compra entra en juego o la disertación de cómo nos repartimos el fin de semana entre tu familia y la mía. El trago de vino se multiplica, la mirada se divide, y el beso a veces incluso desaparece. Amigas si sois como yo, que no me callo ni por decreto de Rajoy, esto no ocurre. Siempre hay tema, siempre hay de aquello de lo que se puede y debe preguntar y si a eso le aparejas la profesión… ni te cuento. Alguna vez y con algún ex… en cuestión el de las mariposas en el estómago y el amigo no eres tú soy yo… claro eres tú el que ha abierto la jaula de las mariposas, han echado a volar y mira por donde… había una pájara que tenía la suya bien bien abierta… jajaj este no era amigo de la palabra, tampoco del vino, y entonces yo me veía en la necesidad de monopolizar las conversaciones para evitar el tan temido silencio… ¿Ha pasado un ángel? NO. Lo que pasa que ya no sabemos que contarnos…Pero siendo sincera considero que es de esas cosas que se pueden cambiar, modificar y mejorar. Y lo digo con conocimiento de causa y desde entonces nunca más me ha pasado. Ahora casi nunca nada me quita el habla y si lo hace es porque hasta yo me quedo sin vocabulario.

Bueno volviendo a lo mío que me lío de mala manera. Los silencios. Esos que el género masculino usa extremadamente bien y chica serían los únicos que aprendieron en el colegio, en clase de música, que el silencio también es un sonido. Toma, toma. Y es entonces cuando lo ponen en marcha en las múltiples escenas cotidianas. Empezamos. ¿Cariño este vestido me sienta bien? SILENCIO. Tu lectura: Este cabrón me ve más gorda y no tiene arrestos para decírmelo. ¿Cariño está bueno el pollo al horno? SILENCIO. Tu lectura: Y este ahora no me dice que está bueno con lo que me ha costado ponerlo en el horno. ¿Cariño qué les he parecido a tus amigos? SILENCIO. Tu respuesta: Mira éste que no me quiere decir lo que los otros han dicho. Y así… en innumerables ocasiones.

Nosotras lo llevamos fatal porque la falta de respuesta es algo que las mujeres no llevamos bien. Se nos atraganta el silencio y no dominamos el tai-chi al nivel de pasar por alto “solemne falta de respeto a tus pensamientos/invenciones”. Y entonces pueden ocurrir dos cosas. Se monta la Segunda Guerra Mundial, con trincheras y todo, por supuesto tu artillería está bien cargada pero no tienes nada que hacer cuando tu chico saca la libreta de los “No pasa nada” y en la que tiene anotada cada metedura de pata femenina con fecha, hora y anotaciones al margen. Que para no ser nada madre mía lleva ahí la historia de Harry Potter en versión extendida.

O bien y la que más te exaspera. De nuevo el silencio. Y conforme pasan los minutos tu mirada se torna espada y cual justiciera esperas la respuesta correcta y nunca llega. Nunca llegará tampoco. Y entonces añade… ¿Y qué quieres que te diga? Y ahí sí que sí llega la tercera Guerra Mundial.

Y nosotras, sí chicas, nosotras no comprendemos que quizás muchas veces el silencio sea la solución a muchos de los problemas diarios. Y no nos damos cuenta que por mucho que nos digan, la respuesta no estará a la altura de lo que esperas, nunca lleva el verbo correcto o simplemente la ha pronunciado dos minutos tarde… Y no es exigencia, es putería femenina, ese gen está dentro de nosotras y la que diga que no “MIENTE”. No pasa nada con asumirlo porque seguramente que vuestros chicos vivirán más tranquilos a sabiendas que no te atragantas con el bipolarismo, que eres capaz de razonar sobre tu comportamiento y que eres consciente de que muchas veces tu cabeza va 18.000 veces más rápida que su bulbo raquídeo.

Si nosotras practicáramos el silencio seguramente ellos nos lo agradecerían. No tendrían que oírnos de manera aireada, “Chico, chico como te estás poniendo igual hay que hacer algo de footing”, “El pollo de tu madre muy rico pero ya sabes que a mi me queda mejor” y “pues tu amigo Paco tiene algo oscuro en su mirada. A mi me descuadra un poco”. Cosas que ellos se callan, en la mayoría de las ocasiones para no entra en guerra y en la otra mayoría para no hacernos daños. Pero si no fuera por ese silencio que sería de este post.

YO CON NOVIO… ¿Y AHORA QUÉ?

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Marimandi, una solterona del montón se sube de nuevo a su corcel indomable de la escritura tras un parón necesario, terapéutico y casi fructífero. Ahora cambian de nuevo las tornas, madre mía, lo que es la vida y cuando menos te los esperas, cuando ya has abandonado la silkepil como elementos catalizador del sexo contrario, “chas”, aparece ese ente desestabilizador encima guapo, encima majo, encima estupendo y ¿tú que haces? Volver a los orígenes y comportarte como una cría de 15 años… Ya no te cambias de ropa en el hueco de la escalera pasando del vaquero que tu madre te ha comprado para navidad por una minifalda vaquera que por lo estrecha que es bien se podría parecer a los 15 centímetros que te sobraban del vaquero modelo mujer que tu señora madre entendió que debía comparte para favorecer esa línea, que no es recta, sino que tiene más curvas que el congosto de Benasque.

Te quitabas la coleta, de esas anchas, que no sujetaban nada… y que malos han sido los ochenta pero los noventa ni te cuento… te dejabas los rizos al aire, te mirabas en tu super espejo de bolso que todas vuestras amigas compartís cambiando el color. Te pintabas los morros cual pececito, de esas carpas naranjas que eran el pretexto perfecto para entender ya de pequeña que en esta vida no todo el mundo es feliz con una carpa que gustaba de suicidarse a las primeras de cambio, sin cartas, sin aparentes problemas, sin mediar palabra, sin sentido.

Y con tu bolso modelo, mínimo, en el que tenías que hacer una ingeniería superior para lograr encajar el monedero con cinco euros, el paquete de pañuelos de papel, importante si sales de botellón o tienes una amiga que vive la fiesta a su bola sin pensar en las consecuencias, mear en la calle o vomitar en una esquina, y si fumas ya ni te cuento… Con todo aquello ya previsto sales a la busca de tus copias exactas, de esas que comparten clase, mensajes secretos en la agenda y con las que en un futuro compartirás babas según el éxito del moreno guapo de clase y las ganas que tenga de compartir besos con todas las amigas de la cuadrilla. Y a triunfar… a emborracharte con una litrona de kalimotxo que te manchaba los dientes y te hacia irresistible a los ojos del chico raro, quizás el menos guapo, pero sí el más interesante.

De interesantes, hombres digo, está el mundo lleno. A unas les gustan con los dientes partidos. Señal de guerra. De Cicatrices en una ceja, señal de guerra o falta de reflejos en una batalla de piedras que se saldaba con algún corte en la cara o en la cabeza, lo propio del género masculino y que ahora con la treintena son medallitas de las que presumen cuando la noche se cierra y los cubatas se multiplican. Porque esa raza humana que duerme a tu lado a diario, que va al baño dos veces al día y con el horario establecido, que come por toneladas y que engorda por gramos, que es capaz de pasar página cada noche, que duerme a pierna suelta sin darle ni media vuelta a la cabeza por la chorrada del día, esa especie o raza es la que ahora con tus casi 30 años vuelve a tu vida.

Lo hace como lo ha hecho siempre. Pero tú eres distinta. Esa es la mentira piadosa que repites a tus amigas a sabiendas que ellas saben que no es cierto y tú eres incapaz de materializar. Vuelves a los 15, a probarte todo el armario buscando el modelo perfecto, ni un vaquero que marque, ni una camiseta que ajuste demasiado, ni que sea una batamanta. Unos zapatos cómodos, con algo de tacón, que te haga irresistible y no porque parezcas la churrera coja del barrio. Un toque de maquillaje, todo lo necesario para realzar los ojos, los pómulos y esconda esos granitos que esta semana se han instalado en la comisura del labio como si fueran la huelga silenciosa de los insatisfechos con la vida. Y sobre todo que te haga ser guapa, una diosa, la reina de la fiesta particular que él te tiene montada sin maquillaje, sin ropa y sin recabar en esa lencería estupenda que te has comprado adrede y en la que él ni repara… pero chica… si ya sabes que yo en eso ni me fijo. Encima lo reconoce.

Y tú vuelves a la rueda. Esa que niegas a tus amigas, esa rueda que te envuelve, esa que te hace estar estupenda en pijama, esa que te obliga a repasarte las pestañas sin que se note, que te obliga a ser refinada comiendo un kebab, modosita cuando conoces a su madre, graciosa con sus amigos y correcta con esos ojos que te miran directamente, que te disparan rayos X, como si te estuvieran haciendo una radiografía adivinando talla de pantalón, número de pie… y que siempre concluye con lo mismo… pues chica tampoco es tan guapa. Y encima lo dicen en alto.

También vuelve la risa tonta, los eternos minutos mirando su cara, así como una tonta, o simplemente las risas. Esas que ponen de manifiesto que vuelve lo bueno y que estás en lo mejor… y sabes que poco a poco llegará… la normalidad. Pero a pesar de ello te zambulles de pleno en toda la parafernalia del amor, te retractas del “quita, quita yo ahora estoy muy bien como estoy” y disfrutas. Te dejas disfrutar, lo justo también, que llevas la pistola del 39 en el “microbolso” de los 15 años a la espera de no tener que sacarla demasiado y sólo enseñar la empuñadura si así fuera necesario. ¿Donde han quedado los dientes manchados de kalimotxo? Con 30 impensable. Y que ese pequeño detalle desbarajuste tu cuento de hadas escrito por una cría de 10 años, reescrito por una 15, con una nueva edición que sacaste con 25 y con anotaciones al margen ahora con los 30.
Que nada, ni nadie, y cuando digo nadie es ninguna pelandrusca del tres al cuarto acabe con esto,… jajaja. Dios esa vocecilla maléfica siempre está ahí… y te sigue convirtiendo de esa mujer estupenda, maquillada, alta cuando se lo propone, con conversación fácil, risa contagiosa y muchos temas de conversación a una pequeña cucaracha negra, fea y aplastable a la primera de cambio. ¿Y qué? A pesar de todo ello, el guapo te ha mirado, le has gustado y encima… Ahora forma parte del ¿Y ahora qué? Vuelve Marimdandi, lo dicho, no sabemos si para quedarse…

¿AVANCES FEMENINOS?

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Marimandi, una solterona del montón tiene a bien de compartir con todas vosotras los avances femeninos. Aquellas cosas en las que hemos avanzado desde la edad de nuestras abuelas, esa apertura de mente, esa concienciación de género que hemos adoptado conforme avanzaban los años. ¿Pero hemos avanzado lo suficiente?

Nosotras, solteras todas, que hemos sobrevivido al novio que te deja por otra, al que deja para pensar si quiere estar con otra o simplemente te deja para que sea otra la que caliente la cabeza, afrontamos la soltería como auténticas modernas. Sí, modernas, mujeres 11, que son capaces de autoinstruirse en el pasotismo femenino, en la no psicosis si no te llaman cuando tú crees que es lo adecuado o simplemente te aleccionas, te golpeas en las manos o te escondes el móvil en el cajón de las bragas para no mandarle un Hola, ¿Qué tal?. Todo eso son sin duda avances… Pasos adelante en aquello que se llama autocontrol femenino en momentos tan críticos como los primeros días, semanas y algunas, incluso meses.

Tú que sales escaldada que cualquier acercamiento con el sexo opuesto eres una lectora ávida de los consejos de cualquier revista que cae en tus manos. Y de todas ellas, has hecho un resumen, un diagrama de barras y un análisis de bandejas quedándote con lo más importante: A los tíos no hay que agobiarlos, contente mujer, sé buena, divertida, dales espacio, tiempo… mira como tu ex novio semanas antes de dejarte tirada. Ellos viven emocionados con el tiempo y el espacio… es como si la NASA los adiestrara a distancia para el dominio de estos rangos que a lo largo de su vida desgastan a golpe de reivindicación masculina. Porque ese es otro tema… chicas o estáis experimentando con vuestros pobres novios el hecho de despojarlos de ambos, espacio y tiempo, a ver cuánto tardan en dejaros o ellos son unos exagerados cuando dicen que a lo largo de toda la relación era un sin vivir porque todo eran agobios. Y eso lo pagamos las normales, aquí queda dicho.

Y siguiendo con lo mío… nosotras mismas ponemos en marcha esta transformación que ni en “Tu cara me suena”. Porque cuando tus amigas escuchan de tu boca de piñón el cambio de rumbo vital te miran, te observan, y piensan y a esta quién le ha transplantado por llamarlo de alguna manera la personalidad… Ni ellas creen que pueda funcionar, aiii tonta.., torres más altas han caído, y si caes en las redes de la que tiene novio desde los anales de la historia, más allá de los tres años, morirás entre terribles sufrimientos al saber que todo lo que hagas no sirve de nada, sólo ven tetas, culo y extensiones… todos menos el suyo, por supuesto.

Tú moderna, más que moderna, te echas a la calle y decides que no vas a ser la que eras. Serás más risueña, abierta de mente y sin duda un ejemplo a seguir por tus amigas que se esconden entre cortinillas a la espera de que el pichón caiga en las redes de lo que todas sabemos, el sino femenino. Y conoces a un chaval, bien plantado, parece inteligente, con ojos bonitos, trabajador y te hace casooo…. Quieta parada… hazte de rogar, habla bien, sonríe, tócate el pelo, tontea, pestañea sin dejarte ni la vida ni los ojos en ello, y contenida… pero solícita. Todo esto bulle en tu cabeza cual cazuela de coles mientras el chaval va a por otro cubata, te acerca una cerveza, y tú contenida, quieta, que no mancia, (huir de todo lo que pueda parecer una acelga andante) y queriéndote mucho.

Ahí está el problema… el amor propio femenino. Porque la que lo usa normalmente, lo lleva genial, entra en los sitios como si volará a un palmo del suelo, su pelo siempre está sedoso, y es el punto de mira (para bien) de todo el mundo. Tú que de eso no gastas, te vienes arriba y decides ponerte tacones porque no volarás pero quieres ver el mundo más allá del metro y medio que mides… Entras en el bar con tus gafas de secretaria sexy, que nunca he entendido lo de la secretaria sexy… porque en la mayoría de los casos se trata de una señora de avanzada edad, que apenas se entera, lo apunta todo en un papel porque el ordenador es una máquina enviada por Satanás y tiene la misma sensualidad que la mujer de Papa Noel.

No importa, tú con tus gafas, que claro en invierno se empañan permitiendo hacer la entrada más divertida y en muchos casos es ahí donde vuelas… del primer escalón al suelo… eso es una entrada triunfal de la que no te recuperas en semanas. Si superas todos estos escollos, quizás tengas la suerte de caerle en gracia al más feo del bar… suertuda es tu segundo nombre. Y ya Dios se apiada de ti si por casualidad éste tiene algún amigo normal.

Puestos ya en canción, el normal, habla contigo por cortesía… pero no está todo perdido te habla… hay alguno que mantiene conversaciones íntimas con el hielo del cubata… o peor, le da por bailar, eso también es irrecuperable. Y si superas este trance, te hablan, te siguen el rollo, hay feeling y encima no necesitas gafas de lejos para mirártelo… chica coge la chaqueta que has ligao…

Llega otro punto vital en toda vida de una soltera… ¿el y ahora que hago? Cita casta con beso en mejilla, cita animal con visita al asiento trasero de su coche, o cita que sea lo que Dios quiera (esta es la más peligrosa) porque no es Dios quien decide sino las copas que el lleva de más y tus complejos de menos… Si sobrevives a cualquiera de ellas… llega la parte más cruenta en toda relación de mujer consigo misma. La espera… el momento de la siguiente llamada, la manera de volver a contactar o simplemente la fórmula para que te tenga presente más allá de formar parte de su resaca del sábado.

Has llegado a este punto inquebrantable, no te ha dado ni el viento en la cara, no te sopla ni el cierzo. Felicidades. Ahora es cuando seguramente la cagues… etapa peligrosa en la que cualquier paso en falso lleva al garete una segunda entrega del que es el mejor proyecto personal, no ser yo…Y aquí puedes caer con un whassap a destiempo si tienes su número, puedes pecar de demasiado simpática, de patética si comentas algo que para él es información en exceso, o de seca, si llevas a cabo tu cometido con demasiada efusividad.

Ya no digo nada si por inercia maligna coges y lo llamas. Pero como osas mujer de cometer semejante sacrilegio a su vida intima con colegas, jugando a la Play, una tarde de domingo y a menos de 12 horas desde el último lengüetazo. Lo tuyo es, por decirlo de alguna manera, una actuación propia de aquella que sabe que la semana que viene saldrá escondiendo el morro en el abrigo para que no te reconozca.

Las cosas se complican cuando no tienes ni forma ni manera de contactar con el susodicho. Y ahí entra en juego una maravillosa herramienta que sin duda creó una amante de las segundas citas, Facebook. Y entonces es cuando comienzas la búsqueda de elementos aleatorios como el amigo que saludó estando contigo, que no tiene Face, pero que juega a fútbol con uno que conoces de vista que a su vez ha intercambiado saliva con tu mejor amiga. Y tachán… llegas al ansiado contacto de un chico, que no recordabas así. En el mejor de los casos aparecerá solo, en otros seguirá teniendo las fotos de su ex y ya si sale con una tía en la portada con dos perros patada… aborta misión.

En los dos primeros casos… puedes continuar con tus deberes impuestos y ahora queda escribir el mensaje. Y piensas, rumias y acabas cayendo cual tonta perdida. Hola, ¿Qué tal? Soy (por llamarnos de alguna manera) María, como estas de tu resaca, llegaste bien a casa, espero que estés bien… a ver cuando repetimos… Ahí hay mucha pregunta y más para un hombre resacoso… loca. Y dices de repetir, así a bocajarro, sin mediar otro tipo de fórmula de acercamiento…

Chicas mi consejo es que seáis como sois, si eres patética lo eres desde el inicio, si eres un borde casi mejor desde la cena y si eres mancia… querida tienes suerte… porque no hay otra casta femenina como ellas. Son como el “fairi” que no importa para qué, sirve para todo, y sin duda son las que se llevan el gato al agua. Sea como sea, salen victoriosas, son las que están en el eslabón más fuerte de la cadena trófica.

TERCERAS PARTES ¿FUERON BUENAS?

La vida en ocasiones parece una película. Alguna es una comedia de esas americanas que a nosotras, mujeres, nos encantan por lo maravillosas que son cuando las ves en el celuloide a sabiendas que eso en la vida normal, esa de espinillas traicioneras y celulitis en expansión apenas se producen. Y si lo hacen, alguna habrá que conozca a su amor amoroso de la mejor de las maneras posibles, un ser puesto en el mundo para andar por el mismo camino, ese ser igual, calcado a papel cebolla para ella, encontrado de la manera más golosa y laminera posible, ese a quien no le importa pasar ni sueño ni hambre por ellas… ese al que las amigas espían de cerca a sabiendas, también, que algún fallo, tara o roce tiene el “príncipe”. Y entonces la película de tu amiga es una “historia de ciencia ficción” para el común de los mortales y seres, por supuesto, femeninos.

También hay historias propias de llevarlas al cine por lo de dramón propio de los filmes domingueros tras la paella familiar. En este caso, el resto de nosotras, las tomamos de referencia para pensar que hay mujeres que lo pasan peor. No sirve de nada pero ayuda a mirarse al espejo de manera distinta, ayuda a disipar la frustración y también a canalizar lo negativo como si fuera un simple dolor de barriga. Esa amiga que todas tenemos, esa que en ocasiones podrías ser tú, que a pesar de los intentos, de las buenas intenciones, de las horas de maquillaje y los años delante del espejo no es capaz de arrancar en la carrera de ser una mujer de provecho, casadera, casada, con buen marido y si puede ser, feliz. Es una mujer vitalista, enamorada de las oportunidades, embelesada con la ilusión de las primeras horas conociendo a un hombre y al final del mes realista con una situación que no le es desconocida, la de volver a estar sola, la de echar la caña de nuevo en la balsa del amor del segundo y del minuto.

Las flores nunca se pochan en la ventana de la que vive el día a día sin preocupaciones. Aquella que mueve sus fichas amorosas a golpe de salidas nocturnas, los cubatas justos, conversaciones medidas y amores de ocasión. La que vive la vida propia de un soltero, de un corte clásico caballero, la envidia para ellas por despojarse de la dignidad femenina, del yugo del chismorreo y del darse a entender entre las de su especie. De aquella que en vez de moverse, vuela, de aquella que no anda, pulula y de la que es capaz de conseguir al que sea o desea con la varita mágica del susurro. Aquella que cuenta con la mirada cotilla de las demás y la de veneración de las que salen con un poco más de pintura y con muy poca autoestima. Entre ellos es la reina, la mejor, la que no crea ni genera problemas, la que es capaz de levantar el aullido del grupo de amigos mientras él sale tras ella. El interés entre las partes es el mejor contrato, sin firmas, sin compromisos, casi sin despedidas. Pero en el fondo, querida mía, el calor ajeno no apaga las ansias de conseguir aquello que nosotras las “felalas” anhelamos. Nosotras lo pedimos entre nosotras, lo comentamos, lo hablamos abiertamente sin miedo a que nos tilden de ñoñas, complicadas y casi inaccesibles por lo de no cumplir con las expectativas de mujer independiente y sin ganas de depender. Tú lo buscas, no lo encuentras, y te mientes al pensar que el mejor señuelo garantizará una pesca que en el mejor de los casos se quedará en morralla.

Ya se ha llevado al cine y muchas veces el caso de esa mujer a la que se la juegan, a la que apuntan a bocajarro contra lo que más le duele, el pasado. Los casos de mujeres que caen, tropiezan, se recomponen y resbalan en la misma peladura de plátano que no les permite avanzar más allá. Aquella que tiene un escudo, un acorazado hecho de baja autoestima, que no le permite ir a tomarse algo sin dejar de mirar a los lados buscando al más malote, quedándose con su cara y después proyectándola sobre el amigo majo del chico normal para proveerse del hombre que no la hará sufrir. Sin darse cuenta que quedándose con aquello que la vida le brinda no le hará feliz, nunca se quitará la manta que nunca se ha liado a la cabeza y vivirá en su pecera de pseudo felicidad hasta que llegue otra, siempre es otra, que ayude a desencantarla gracias a la sustracción del que hasta hace unos minutos era su novio. Y la desgracia se repite…

Las hay amigas del estar por el estar e íntimas del quedarse con lo que tengo porque mira como llueve fuera. Éstas se aferran a las malas noticias que llegan de todos los frentes para refrendar que su vida amorosa no surfea sobre las mejores olas pero tampoco es pasto de las peores de las resacas. Y así pasan los días, las horas, los minutos y los instantes sin levantar el pie del freno, guardando la compostura, enfadándose lo justo, tendiendo puentes que ni la lavandera del portal navideño y dando oportunidades a algo que tiene firmado por notario un final, que no se alarga simplemente agoniza. Y todo por no volver a estar… SOLTERA.

Marimandi vuelve a las andadas, vuelve a ser de las vuestras, de las de no tengo compromiso ninguno y me sonríe la vida. No sé si me saca la lengua, me pone los cuernos sobre la cabeza para la fotografía o me da algo que seguramente merezca. Admito que he sido alguna de todas esas emparejadas, incluso peor, que he querido, que lo he hecho con empeño, que me he equivocado y que he intentado enmendarlo. Ahora queda una nueva etapa, también espero que sea parte de vuestras vidas gracias al Blog, quizás haya pinchado en dosis de ilusión, en grageas de ímpetu o simplemente me haya hecho un poco más mayor mientras vivía una de esas anécdotas vitales que dicen que cuento tan bien.

Admito que me gustaría ser NO SOLTERA, pero una de esas con alguien que sea capaz de no borrarme la sonrisa de dientes torcidos, alguien que a diario no deje de mirarte de arriba abajo haciéndote sentir la montaña más alta y escarpada que ha conseguido conquistar. Esa persona a la que se le permite todo por el mero hecho de que con ello siempre existe una recompensa. De ser el remitente de todo aquello que me queda por dar, con un precio justo, porque algo que sí he aprendido de este último viaje y es que todo aquello que no carece de moneda de cambio pierde su valor en cualquier compraventa con la vida. Sigo sola, sobreviviré, y formaréis parte de ello.