LA CRESTA DE LA OLA

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Marimandi, una solterona del montón analiza el tema: Ellos, siempre en la cresta de la ola. Como ya sabemos la diferencia entre hombres y mujeres está muy clara pero hay aspectos vitales en los que es sumamente evidente. Es el caso de la autoestima. Y es que nosotras, sí nosotras, necesitamos muchas veces recordarnos lo que valemos antes de salir a la calle al mismo tiempo que metemos tripa, nos i

nspeccionamos los granos de la cara y esas ojeras que ese día nos parecen el tintero de Leonardo Davinci. Y es que una cosa tan sencilla como salir a dar una vuelta se convierte en una prueba de relevos para el común de las féminas. Que si los vaqueros no me van con las zapatillas, ni la camiseta me queda bien con el abrigo, que si no tengo el maquillaje adecuado… todo ello mientras ellos se cambian la camiseta se olisquean la axila, se ponen desodorante, cogen otra camiseta, cualquiera, no importa el color, la textura y el frio que haga. salen a la calle muchas veces sin peinar y cuando lo hacen es con un poco de agua y algo de gomina. Y estupendos. Nosotras pasamos la tarde entera alisando el pelo, rizando los blucles o simplemente luchando con nosotras mismas para vernos bien con el modelito con el que hace tan sólo dos días estabamos de lujo.La autoestima hace de las suyas cuando te vas de cena. O es que no os habeis dado cuenta que elegimos lo mas ligth del menú vaya a pensar que comes como una cerda. Todo ello con cocacola Zero y con una sonrisa maravillosa a la vez que te llenas de ensalada cual “conejo” mientras el deja que el huevo frito de su hamburguesa haga de las suyas por su comisura. Y es que es tan guapo.. obviamos el juguillo amarillo que le cae de manera involuntaria y que le hace gracioso.. ¿pensais como sería la cosa en caso inverso? Buenooo… nos pondríamos rojas como la capa de caperucita y nos disculpariamos diciendo es que no estoy acostumbrada a comer esta clase de comida. Ja JA JA.

Y es que ellos siempre están en la cresta de la ola, pase lo que pase. Y es que cuando sales de juerga con tus amigas siempre hay algun aventurado, de esos que van de fiel escudero del guapo del pueblo, que se acerca y te dice.. Hola, guapa. Igual se piensa que le vamos a dar las gracias por adular las tres horas de maquillaje y las cinco que tardas en decidir ponerte una camiseta y un vaquero. Toda esta estrategia tiene un fin, el ligoteo por parte de sus amigos, de parte de tus amigas.. Y agradecida puede estar la que por gracia divina suele molar al guapo, fuerte y estupendo.. ese que pone morritos cuando pasa cada tia al baño, ese que se mira de soslayo pensando hoy pillo como siempre, ese que va de guapo, de estupendo, de divino y que se rodea de amigos menos “privilegiados” para marcar la diferencia. Y cuando el susodicho liga con tu amiga, la que se pilla el ciego de su vida cada semana, el resto nos convertimos en fichas de parchis de esas que ellos suelen usar, comen una y cuentan 20, o no comen ninguna porque tu comes 10.

Y claro nos venimos arriba, el guapo porque esta con tu amiga la mona y borracha, el feo porque habla con mujeres que por educación no le mandan a paseo, el de las orejas pochas porque tiene la oportunidad de medirle el pecho a tu amiga, la mas aventajada en la materia desde el colegio, medir rollo rayos X, porque parece que el escote sea una valla de obra para cualquier octogenario. Y el timido puede prácticar sus artimañas de camaleón con el extintor, de lo rojo que se pone, cuando tu por delicadeza extrema le miras a los ojos.

Ellos se van a casa pensando que un grupo de chicas de esas normales, de esas que no son chonis ni mujeres 10, han pasado la noche con ellos sin darle más vuelta a la cosa. Vaya a ser que seamos conscientes de la realidad, que un grupo de tias es una ONG con rimel y tacones cuando se trata de que una de ellas pille el filete de la semana. Porque la amiga mona y que se emborracha está acostumbrada a comer filete mientras las demás tragamos sin querer el hueso, la molleja y el zancarrón de un grupo de hombres que al día siguiente se levantaran pensando… “si es que, sigo en el mercado”.

Y nosotras tomaremos el café de la tarde negociando con nuestra conciencia el hecho de sentirnos raras entre tanto hombre “poco privilegiado”, destacando que éste no es nuestro sitio y que quizás debemos obligarnos a ser más majas y más risueñas para intentar cazar un filete tras meses de dieta.

Y ahí la autoestima, siempre presente, sigue haciendo de las suyas cuando sola vuelves a casa y repasas la vida sentimental de tus colegas y allegadas y te das cuenta que nunca llegarás a ser un filete de primera sabiendo que en el mercado hay ternerillas del 90 con menos carne y más poca vergüenza a la espera de un hombre, siempre venido a más, cuya autoestima sólo se viene abajo cuando en vuestra primera cena de navidad su madre le regala un par de calzoncillos y 50 euros para cambiarse el vakero raido que tanto te gusta por un levis 501 de esos de hombre que a ella le motiva y que claro, hay que comprar si o si, ahi te das cuenta que su espejo se llama puri y que es capaz de acomplejarte como la mejor de las lorzas postveraniegas.

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