CRISIS DE MERCADOS

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Marimandi, una solterona del montón analiza hoy la crisis del mercado. La crisis económica también se ha hecho patente en el mundo amoroso, amatorio o de intento de…Y es que como en todos los casos la falta de economía afecta en mayor medida a ciertos sectores de la sociedad. En el caso del mercado del ligoteo, el sector más desfavorecido es mujer cercana a la treintena con estudios secundarios.

De esta realidad te das cuenta o te percatas conforme pasan los viernes y los sábados de salidas con las amigas, en las que en un primer momento sólo sales para divertirte, en un segundo para estar con tus amigas y en un tercer momento para ver como está el percal. Y el percal, a día de hoy, está mal. Tu vuelta a los ruedos es como un soplo de aire fresco, soplo para las más taimadas, huracán para las que no quieren desperdiciar ni un minuto más sin presencia masculina en su marco de acción. Y de esta manera te plantas soltera en ese bar que de normal pisabas con pareja y que ahora se ha convertido en un comedero de buitres a la espera de carne fresca y tu, tonta, piensas que lo eres, sin darte cuenta que eres esa chuleta de esas que se quedan en la carniceria sin atraer a ninguna alma caritativa que quiere comprarte a la primera y de la que seguramente acabaras formando parte de unas suculentas albondigas. Y siendo consciente de todo esto empiezas a salir de ese cascarón de tortuga para intentar conocer gente..Y… ahí es cuando te das cuenta que estas descatalogada. Y como en casi todos los desportes y en este caso de riesgo te queda claro que ya puedes llevar toda la equipación que no sirve de nada. O no es cierto que tu, con tu veintena, aprendes a esquiar por amor a tu pareja y por amor propio también, ya que estás cansada de escuchar “ésta no esquia” en cualquier reunión de colegas y te das cuenta que ir combinada no te salva de otra cosa que de esos comentarios “mira la hostia que se acaba de clavar la chavala que si va estupenda pero lo de esquiar…” y ahi te das cuenta que el deporte es mejor pillarlo de joven porque los niños de cinco años fluyen por la nieve mientras tu coexistes con las marcas de esquís a cada momento.

Igual que ese noble deporte que también encanta prácticar cuando has sido la “bitxo” o la “peke”, la equitación. Sí porque nos convencemos que somos capaces de montar a caballo con la soltura suficiente y que eso te da una prestancia que queda a la altura, en este caso, de los cascos, cuando con gritos de lo más.. antieróticos intentas luchar contra ese culo que pesa como nunca habías pensado y ahí, sí ahí, entiendes lo de la gravedad y ahí, sí ahí, maldices todo el chocolate y grasa saturada ingerida en los últimos meses. Te das cuenta que estás fuera de lugar como en las salidas de soltera y el nuevo mercado del ligoteo.

Y volviendo a lo que nos atañe, eres consciente que las pinturas de guerra quedan a la altura de la peor paleta de colores de titanlux cuando te posicionas al lado de una niña de la edad de tu hermana que es capaz de acaparar todas esas sombras en un mismo ojo. Sí esas sombras tu que dejas de lado del set de maquillaje que te han regalado con una soltería que ya no es recién estrenada. Una evidencia que se hace más palpable si cabe cuando te acercas a la barra a por una cerveza y te das cuenta que esas pertuberancias corporales que hace unos meses eran motivo, casi de orgullo, ahora se han convertido en pequeñas planicies comparadas con esos picos alimentados de “danonino” y mucha miga de pan. diossss.. y todo en una joven niña de 20 años que con una bajada de parpados, un movimiento de pelo y un mordisqueo de labios es capaz de hacer magia. Si ni magia borras que a la media hora esta con los ojos en blanco, con el pelo revuelto y los labios rojos a la salida del bar con ese tio que sí te ha mirado toda la noche hasta que la ha conocido a ella. Y que me dices de esas que se tiran todos los dias sentada en la barra del bar de moda poniendo ojos, morritos y posturitas al camarero, que sí te mira, pero que se deja encadilar por la barbie adolescente que a cada momento cambia de postura sin dejar de estar estupenda.

Pero ahí no queda la cosa. Porque si todo fuera eso, podríamos pensar que la experiencia es un grado y que nosotras en eso estamos un paso por delante. Pos sí estamos un paso por delante de las yogurinas y dos por detras de las maduritas interesantes. Y es que ese nicho de mercado es complicado y en muchas ocasiones están libres y esa libertad, que tu mordisqueas despacio no te vayas a atragantar, ellas la degluten en cantidades industriales. Y ese tsunami que para tí “es lo imposible” te levanta en este caso, con un mordisqueo de oreja y un par de arrimes de culo, al chico interesante del bar, el único potable, en un mar del agua insalubre. Y te vuelves a casa entre risas y comentarios malévolos con tu compañera de vieja, soltera también, que analiza como tu, al dedillo, ese mercado donde la demanda es feroz ante una oferta que deja de conocer a mujeres en su radio de acción para adentrarse en la suculenta aventura de enrollarse o con tu hermana o con tu madre.

Y así llegas a la conclusión que el mercado está en crisis y que la diferenciación del producto es clave para posicionarnos. Y ahí es cuando cometemos el grave error de meternos en una falda excesivamente corta, porque para ti es un cinturón ancho pero para las niñas es una falda sesentera de esas que te rozan las rodillas y para las premenopausicas es un camisón hasta los pies. Y que me decís de los tacones, porque nosotras pensamos que estamos maravillosas viendo la vida a diez centímetros del suelo mientras andamos como gallinas escocidas, y ellas, las que rozan la edad legal los llevan como si fueran deportivas y las que que se restan años del documento de identidad han aprendido a que no se noten las miles de tiritas que ilustran los ya incipientes juanetes.

Con todo ello te das cuenta que resistir es ganar y que la falda y los tacones no son necesarios cuando te percatas que tu vecino te mira por la ventana con tus moños y las gafas, que el joven camarero a tí te mira de manera diferente y que hay personas que son capaces de verte preciosa a pesar de tu diente torcido que enseñas cada vez que te ries sentada frente a tus amigas.

Y ahí te das cuenta, sí, que estas fuera del mercado pero quizás tu seas de esas mujeres que se adquieren por catálogo llegando a casa del comprador con ese maravilloso olor a nuevo y que cuando te prueban dejas ese regusto de satisfacción por haber acertado con la compra.

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