LIKE A VIRGIN

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Hoy, Marimandi, una solterona del montón analiza el fenómeno, “Like a Virgin”. Y es que como en muchas cosas en esta vida, la virginidad, se pierde o a veces se recupera por mera repetición. Cuantos años han pasado desde los primeros coqueteos con el mundo sexual gracias, como no, al sector masculino. Escuchar en boca de tus compañeros de clase, esos que no te generan ningún interés más el que te

lleva a robarle las chuches, “en el diccionario sale felación o hemos visto en interviú unas tetazassss” te inician en la rauda carrera de … yo soy virgen y que tengo 12 años y aun juego a muñecas. Lo de la edad, ahora bien es cierto que ha mutado, y que a tenor de las juventudes actuales este renacer puede considerarse que lleva a cabo mucho antes. Y allí es cuando sin quererlo te pasan el relevo de la vida, ese que ahora analizamos y que en el mundo animal es mucho más intuitivo.
Y tú, con tus 13 años acomplejada por los granos, por la cogida de peso sistemática y el crecimiento insospechado de tus protuberancias femeninas te ves inmersa en unas conversaciones “raras, raras” momentos después de la sesión de cine de las cinco de tarde. Los primeros besos con lengua, los primeros estrujones de culo o como está de bueno, tu compañero de juego, tu colega de comedor, ese del que analizas que parte de el sobresale por encima de ese pelo lleno de seborrea, esa paella valenciana por cara y esa delgadez extrema que no es capaz de alimentarse ni con los mejores bocadillos de bacon de “casa alegría”.
Y ahí eres consciente que a partir de ahora entre tus amigas debes ser una más y que te guste uno de clase. Y eliges el normalito, el nuevo, que es entre mono y simpático, y con el que empiezas a fantasear hasta la llegada del día, “nos vamos de final de curso es igual a hay que perder la virginidad”. Y este sumatorio siempre lo hace la más aventajada, la que lleva tiempo mercadeando con la baba ajena, la que uiiiii ya sale hasta más allá de las tres de la mañana y que se deja tocar el culo, con todo gusto. Y ahí estas tu con tus amigas y tus maravillosos 16 años, que habrás crecido pero el tema delantera es el mismo, la lucha encarnizada de tu madre por el abandono del chándal sigue vigente y los granos… qué decir de los granos. Y ahí estas tu escondiendo en la maleta unas bragas y un sujetador de señora mayor, de esos de blonda, que en este caso pica, porque es del chino y te haces con un preservativo del hermano/primo/armario de la aventajada que reparte por doquier como tu repartes chicle en el recreo. Y te metes en un autobús camino a un país extranjero sin ser consciente que volverás como has venido, virgen, porque una de las aventajadas de tu clase ha decidido de manera, unilateral, enrollarse con el tío que te mola… y todo sin consultar, si todos fueran como Mas…
Y de ahí ya das un paso de gigante hacia la universidad, esa escuela de la sabiduría vital, en la que también hay una aventajada que en este caso te regala el cotilleo del lunes gracias a su actuación en el “kinito” del pasado jueves. Y ahí se pone la maquinaria en marcha, porque las conversaciones de las chicas han cambiado pero en el fondo está ahí el runrún, y como todas, caes… te dejas llevar y caes.. y de la noche a la mañana dejas por ahí la pobre virginidad, esa que tantas líneas nos estaba dando.
Y no vuelve a aparecer hasta bien entrada la nueva soltería y las conversaciones de tías se siguen sucediendo. Y entre copa, cena, coloquio y demás te das cuenta que el tiempo no ha puesto a cada uno en su sitio y que hay personas que como en las mejores manifas van a contracorriente. Y te plantas en la treintena sabiendo que hay una pequeña parte de mujeres que ese proceso que se lleva como las olas no ha surtido efecto y que ellas deben enfrentarse a ello sabiendo que ya no todas tenemos granos, que hemos sabido aprovechar esas dos pequeñas que ahora nos sirven para la atracción masculina y que el peso o masa grasa por arte de la edad se ha aposentado de manera sabia en los lugares adecuados… Y ahí en la total y feroz competencia hay mujeres que engloban el “Like a Virgin”. Y sólo de pensar que ahora habría que obligarse a llevar blonda de manera sistemática, a intentar no parecer un Jesucristo fuera de Semana Santa y parecer resuelta en un aspecto de la vida, donde el pinchazo del primer rodamiento está casi casi asegurado, a mi me asustaría.
Y doy gracias a mi falta de personalidad, doy gracias a mi aventajada y sus labores de ferviente ilustradora, gracias a los maravillosos kinitos y a esa persona con la que me aventuré en un camino que otros exploradores han andado y que me aterraría enormemente saber que a estas alturas está tapiado… no me veo como con 16 años a la espera de resolver el asunto unos años después.
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