FAUNA FESTIVA

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Marimandi, una solterona del montón sale de fiesta. Y lo hace como siempre, pintada a medias tintas, nada, un poco el ojo, algún colorete distraído y un gloss fino fino que no queremos parecer Carmen de Mairena en su tourné oscense.

De ropa bien normal, porque bien normal se va, y ahí recuerdo las palabras de un amigo muy amigo de esos que no piensan en tí en picardías ni descoyuntándote haciendo el carretillo… que cuando te ve entrar por la puerta del bar te mira de reojo, después sin ningún problema y posteriormente con los ojos como si estuviera metiendo una soga por el ojal de una aguja y te dice… tres horas para esto… y piensas que lo suyo tiene ponerse mona sin que se noten los polvos compactos, que a más de una le han vendido el traspaso a gas natural de lo “butanita” que va.

O que me dices de esa que es la única que sabe sacar el mejor partido al set de pinturas que su tía le regala en navidad, que daño han hecho los juguetes infantiles y los sets  que te obligaban a ponerte como una putilla barata con el aplauso de la progenitora, vete tú ahora super madre a decirle que si sale de casa como una puerta coges el formón y la lijas a base de tortas… cria fulanillas…

Y nada que decir del momento ropa y estrecheces, porque tú eres capaz de calzarte la braga violadora, todo por la lorza, que siempre tiende a asomar como tu vecina del tercero derecha que siempre te pilla poniendo los envases en el cubo de orgánico. Y te pregunta, ¿pero tú reciclas en silencio? Y ahí ves, te lo comes, el michelín a fascículos entre la camiseta y la falda, las pantobi (las que carecen de talón ni de Aquiles ni de Aristóteles),  y que son como las raggazza de bolsillo, con una pequeña supresión de la edición extendida que parece una tontería pero que cuando te acotrazas una minifalda pareces un playmobil.

Otro espécimen, las macdonals o las sordomudas, según mi vecina del tercero, que no dejan nada a la imaginación, porque vivimos en la época de inmediatez visual y más vale subirse al carro del realismo que dejar volar la imaginación y que son carne de escarnio cuando te pide en el baño del bar un gloss y tu te la quedas mirando y te fijas en la entrepierna desternillada de la risa y cuya broma solo comprende tu amiga que está intentando hacerse la ralla del ojo como si de un scaletrix se tratara.

Qué decir tiene que las mejores sin duda son las “anitas dinamitas” que utilizan cualquier barrera arquitectónica como si de una barra americana se tratara. Y comienzan a bailar con esa cara entre degollada y pornostar que se aparta el flequillo con una sensualidad jamás vista y que beben como si de un cisne se tratara, todo finura y discreción, y que cuando te pillan en el baño siempre te piden un tampax. Y claro, tú, que eres bien mandada llevas en el bolso el kit básico de una mujer decente y se lo prestas y ella con su ritmo frenético te contesta – Cuando pueda te lo devuelvo-.

Y la que vuelves a la pista  descubres que tu lugar privilegiado ha desparecido. Ese que tú y las tuyas habéis conseguido con sangre y lágrimas porque el sudor te lo patrocina el grupo de hombres de la derecha y en su lugar ha llegado un grupo de mujeres, la mayoría solteras, que abundan más que las moscas en verano. Y allí entre abrigos, bolsos, bufandas y guantes se montan el rastrillo navideño, ocupando el perchero en su totalidad, y siguiendo de cerca el material masculino que pulula por el bareto. Y es allí donde se esconde la verdadera composición de un grupo social extendido, el grupo habitual de mujeres que salen de juerga. Aquellas que son capaces de repartirse dos litros de cubata a tapones creyéndose que son tequila añejo. Y tenemos a la payasa/dicharachera/sin vergüenza que por su situación personal, soltera, y su situación emocional, no tiene vergüenza, ni la conoce ni se la espera, empieza a bailar en el centro apoyada por su club de fans. A su lado las tres que por gracia divina tienen novio, o lo mantienen, y que de vez en cuando coquetean con el futuro de sus fines de semana y los planes en común a espaldas de las que por gracia divina están solteras o por obligación se mantienen solteras.

Las dos amigas borrachas, que cansadas de ver la misma situación semana tras semana, se hunden en su intención de convertirse en Mon Cheri a base de ron. Un bombón rellenito de licor y que con las primeras luces del día se dan cuenta que no pasan de bizcocho borracho con cobertura de moca. Lo de moca va por su alergia sistemática al waterproff y esos ojos llenos de borrones que parecen el dictado de un niño en la etapa postfranquista.

Y mis favoritas, las garzas. Ese espécimen de la fauna oscense, nacional e internacional que se prodiga por estos lares con el mejor atuendo, el mejor peinado y la mejor nariz. Y ahí se ponen a tu lado, que pareces una polly pokect en invierno, marcando el sitio que debes ocupar entre el perchero en hora punta y la máquina de tabaco. Y a base de empujones, codazos o caricias con el bolso como Margarita Seisdedos te pone en tu sitio como hace tu madre los domingos. Y ahí está con su danza animal moviendo la cabeza como si fuera a graznar cuidando la manada de amiguitas y mirándote con cara de si por mi fuera te pegaba un picotazo, y tu, pequeña como un gusano te va la vida en criticar su estilismo sacado de la revistar burda con tintes de canibalismo al buen gusto.

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