PAROLE, PAROLE, PAROLE…

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Palabras, palabras y más palabras. Esas son las herramientas que usa muchas veces, Marimandi, una solterona del montón y que en muchas otras ocasiones se convierten en un potencial mal embarazado o un dolor de tripas, de esos, que tienes tras la cena de navidad de tu abuela. Y parece mentira que tú, señora versada y cum laude en la utilización de vocales, consonantes y tildes tiembles cada vez que mandas un mensaje a un hombre, a un miembro del sexo contrario, que de un momento a otro se convierte en un jefe revisando tu currículo o en la profesora Teresa buscando faltas con el “rotu” rojo en el dictado sobre la respiración de las plantas.

Y es que toda la seguridad de gallita que sacas a lo largo de tu vida diaria, ante la cajera que habla con un chicle en la boca, ante la teleoperadora que te ofrece no sé que móvil o tu madre que tiene el don de ponerte a mil sin apenas abrir los labios se pierde por el sumidero ante él, el único guapo en la fiesta de disfraces, tu plan A, B y C por no decir todas las letras del abecedario…Y tú, la heroína viviente entre tus amigas las emparejadas, que veneran tu salud mental ante el año de soltería, te caes como un castillo de flanes ante la disyuntiva de mandar un sms, un whassap o un saludo a ese, el único chico, que se queda metido entre los alambres del colador de pretensiones futuras.

Y te pasas el rato del vermú con amigas ensayando la sonrisa, la pose y el pelo más adecuado para cuando te diga Hola, qué tal… y tu estupendamente fresca manifiestes tu estado vital con una sonrisa, casi forzada, con una medida postura que no te permita el brainstorming de tu papada, ni de incipientes arrugas, ni el protagonismo desaforado de tus dientes torcidos. Y sí tú, la templada, la madura, la de consejos doy, te plantas ante la vida con una cara de revista, no por guapa, sino por plástica intentando aparentar una seguridad que pierdes a espuertas en cuanto intuyes su radio de acción.

Y este radio de acción se extiende más allá de la calle, el bar, el ambiente en el que sueles coincidir, chica tienes la suerte de llevártelo a casa cual mochila… Pareces Pocholo en un mercadillo hippie… y ahí con tu pijama de ovejitas experimentas la sensación más cercana a la vida diaria de un controlador aéreo. Escribes dos líneas, borras tres y media y vuelta a empezar. Te lo tomas con tranquilidad, lo meditas contigo misma, lo repites en voz alta, y finalmente te pones en contacto con el consejo de guerra… Esas amigas, que como tú, necesitan de un empujón ajeno para tirarse a la piscina… vaya a ser… y ahí con el mensaje escrito tardas siglos en darle a la tecla y cuanto esto sucede se abre un nuevo cisma papal..

 Que si he parecido borde, desesperada, ilusa, niñata… todos los formatos y todos en negativo… claro… que la cresta de la ola solo es apta para ellos y que nosotras por el miedo a tragar agua, a poner en serio peligro nuestro peinado y que como una servidora precisa de pinza nasal dejamos pasar todas las oportunidades… vaya a ser…

Y con el vaya a ser… pasamos ratos, horas y miles de minutos pensando qué dirá, qué pensará, qué hará… y la respuesta es bien clara. NADA. No piensan, leen, procesan las letras, atrapan el significado y lo pierden mientras hacen otra cosa. No dicen nada, para qué, el mundo masculino sólo se comunica cuando existe una acción a realizar, eso de expresar sentimientos queda limitado para los gritos en el fútbol, basket y demás materias deportivas, sin contar los alardes amorosos patrocinados por el wiski, el ron o demás bebidas espiritosas.

Y hacer… ahí estamos, ilusas, pensando que ellos dominan el verbo hacer en el mundo relacional. Ellos son del modo “stand by”, me paro, espero y cuando se canse ella ataca. Y ahí nosotras seguimos rumiando cómo se verán los constantes pasos que damos en un queriendo sin querer y ellos seguirán sin reparar en cada centímetro que andamos como si fuéramos una serpiente al son de su flauta. Y sí chicas suena fatal lo de la flauta y todo es una alegoría, pero aprovechando la coyuntura, no os fieis de su sistema métrico.

Y cuando estamos cerca, casi rozando, aquello de… parece majo nos convertimos en un hierro ardiendo al que ellos se acercan y del que escapan como si del mismísimo diablo se tratara. Y habrá muchas que sí tendrán cuernos, que tendrán un cutis más sonrosado de lo normal y que quizás tengan una cola asomando por la minifalda pero todas nos convertimos en el enemigo que ha hecho que la armadura de los machitos se desajuste. Y entonces ellos tienen dos versiones del “stand by”. El activo, te dejan. Y el pasivo y el denominado Jesucristo, dejar que las mujeres se vuelvan a acercar a mí.

 Y ahí estas tu entre una ruptura de esas que te pilla con las bragas de minnie mouse o en un tira y afloja cual boomerang al que deberás acostumbrarte y tolerar si quieres que el surfista con ineptitud emocional siga en tu vida por lo menos una semana más.

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