TENEMOS QUE HABLAR…

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Todos los seres humanos somos seres comunicativos. Normalmente solemos expresarnos, algunos de manera más resuelta, otros como pueden, muchos como les sale sin medir las consecuencias y tantos otros sin conocer, ni por asomo los efectos colaterales de su diarrea verbal. Por ello Marimandi, una solterona del montón hoy tiene que hablar…

Y es que como en muchas ocasiones hemos apuntado el proceso comunicativo entre hombres y mujeres difiere y mucho, por llamarlo de alguna manera, de una forma alarmante. Y aiii cuando se invierten los papeles es cuando te das cuenta que la tranquilidad en villa separación de sexos no está garantizada.

Las mujeres empezamos una relación con dos roles bien diferenciados. Las primeras, con una falta de contención lingüística sin precedentes, explicando todos los detalles de su vida, como si leyeran el HOLA con puntos, comas, y letra cursiva… Admito que yo era de este tipo, de las insufribles, de las que su vida pasaba a un primer plano como si se tratara de la cartelera del cine, pero eso sí, con gracia y salero y sin pedir permiso ni pedir perdón cada tres frases seguidas… charlatana, quizás protagonista.. entendiendo que el mundo tendría una respuesta para todo lo que yo exponía y mi única respuesta era… pobrecilla y cómo estás? Pues como voy a estar… tenía la misma sensación tras salir del examen de filosofía en la Selectividad.

 

Estudiar un número indefinido de autores  para que después salga en el examen Platón y su maldita caverna y el maravilloso mundo de Descartes, toda la sabiduría a tu alcance y coges a dos estudiosos de lo más manido. Y tras tres folios de verborrea te das cuenta que servirá lo mismo que el tío que tienes delante que con un esquema conceptual y es capaz de explicar la vida y obra de dos señores que vivieron hace mil y que aún hoy tocan las narices. Y es lo mismo, él con dos apuntes básicos es capaz de decirte lo mismo… Yo estoy bien desde que lo dejé hace unos meses. Y tu has tenido que contar los pormenores de esa ruptura, no pactada, asumir tu papel de abandonada y para el que no hay campaña publicitaria, “Él no lo haría”, y explicar que tu crecimiento personal va en aumento para llegar a la misma conclusión. Soltera y libre.

El segundo tipo y al que me acerco más ahora, con el paso de los días, con las marcas en las rodillas de tanto mendigar atención, es la de dar el mínimo detalle de mi vida intima. Estoy soltera, con trabajo, casa propia y las cosas muy claras. Y ahí se abre un nuevo cisma, claridad + concreción + decisión = MIEDITOOO. Y allí se plantan ellos delante una mujer decidida, que sabe por donde quiere avanzar y que se supone que sabe lo que no quiere y se adueña de ellos esa inseguridad masculina sabiendo que ante tanta falta de palabra la acción es la protagonista.

Y te plantas, en una relación embrionaria, ya sea como charlatana o como chica misterio y sin acordarte de los detalles, importantes, que se supone que tienes anotados en tu libreta mental.

Ellos no hablan. Se comunican. Ellos no disertan, se comunican. Ellos no reflexionan, se comunican. Ellos no te lo comunican, se lo comunican entre ellos o con ellos mismos.

Y tú, lista, afrontas la vida con un total control de los sentimientos y presumiendo que éste es diferente a los que has ido coleccionando con el paso de los años. Y piensas que es como con los cromos que tener a Iniesta es más especial que tener a Torres… Pues los dos son lo mismo, una imagen impresa sobre un papel lacado.

Y crees que te lo comunicará todo, será más sensible, apostará por una vida social y ociosa pactada… sí, eso en los primeros meses, se le llama el enganche emocional por trastorno del cortejo real, en cuanto asumen que a la hembra pavo ya le ha entrado conciencia de que el único huevo a empollar es el suyo, desaparece la necesidad de comunicar…

Y tú, amante del dejavú, vuelves a tu círculo espiral pidiendo palabras, poniendo sopa de letras para saber lo que piensa y siempre te quedas con la misma respuesta. Si yo estoy bien, no pienso en nada, no tengo nada que decir… Tienen un abanico abismal de pretextos para no poner de manifiesto sus sentimientos, pero como en todo, llega un día en el que tú recién salida de la ducha, en una situación vulnerable tras haberte puesto Celine Dion y su reminiscencia a lo Bridget Jones, te tienes que escuchar… TENEMOS QUE HABLAR…

Y usted señorita remilgada que deberías saltar de alegría ante tanta disposición a la comunicación con tu pareja, sin necesidad que medie un emoticono en tus sms, o sin necesidad de pedir que te digan que te quieren, te sientas sobre la cama y dices… ¿Qué me quieres decir?…

Y allí, se abre el maravilloso proceso comunicativo, que el macho pavo ha estado empollando y te comes sin cuchillo ni tenedor el huevo de la ruptura sentimental para la que sí tienen palabras… sin necesidad de preguntar, con puntos, comas y letra cursiva. Y ahí chicas nos damos cuenta que nos atragantamos con nuestras expectativas, con la necesidad de tenerlo todo por escrito o hablado sin saber disfrutar de esos silencios, que quizás, también sean un sonido y que como el color blanco, son un color, o una ausencia del mismo.

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