AIII QUE DISGUSTO MÁS GRANDE…

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Esta es la frase favorita de todas las abuelas del mundo. Y como no de la mía. Bueno traducido al catalán entre otras posibilidades mucho menos efectivas ni efectistas. Aiii que disgusto más grande que Marimandi es una solterona del montón.

Como en todo proceso ruptura no sólo pringamos los y las de siempre. Los que están cerca también lo sufren, lo soportan y lo asimilan como pueden. Y que lejos queda aquel primer Aiii que disgusto más grande de una abuela, familiar directo, con la mujer de David el Gnomo. Si este proceso de llorera continua, de hipidos propios de un animal sin catalogar o de unas ojeras propias de estudio que ni con los mejores maquillajes son capaces de desaparecer se perpetúa en el tiempo aparece la figura de la abuela que ni con caldo ni una tonelada de canelones en capaz de aminorar.

Y es que todo es un disgusto tan grande, que te lleguen todas tus pertenencias en una caja, que en una semana no se haya dignado a decirte nada, que cumplas años y no se digne a felicitarte, que empieces el año con un maravilloso desdén que tu valoras (positivamente, para ella, es un disgusto de los grandes) y todo resulta ser la peor de las pestes sobre la raza humana.

 Y tú en tu labor terapéutica por mejorar empiezas a ponerte guapa, y en el mejor de los casos bajas algunos kilos, para ella, son maldiciones de las gordas porque la niña no come del disgusto grande que tiene, y si la niña se pone guapa, cosa que se debería valorar ¿positivamente?, ella es capaz de darle la vuelta y compadecerte por la ingente labor que debes realizar para encontrar de nuevo pareja. Y suma y sigue,  porque a ello hay que sumar la pregunta más temida por ti y que ella realiza a degüello sin miedo a una contestación de la jovencita, borde, retraída y poca cosa en la que estás convirtiendo.

¿Ya tienes novio? Diosssss, que necesidad de martirizar a la sangre de tu sangre, que la señora lo hace sin querer porque tu señora madre ahí está como una jabata esperando responder por ti, a pesar del paso de los meses, sigue portándose como una loba defendiendo los intereses de la camada. Pero es entonces cuando la habilidad de la edad condensada en escaso metro y medio se las ingenia para pincharte por detrás en un viaje descuidado a la despensa donde hace de todo para coincidir, y es que la curiosidad mató al gato, ¿pero no dice nada de la abuela?

Y aiii cuando la niña está ahí ahí con un chico nuevo, deja de venir los fines de semana a casa y “a esta cria la llevan de nuevo por el mal camino, con lo bien que se la veía sola”. Y viendo esta actitud te preguntas lo del perro del hortelano y crees que el autor no se fijó en unos enamorados más bien contó la historia de su abuela. De una abuela que ha sido madre y con este papel no tenía ni tiempo ni actitud para disgustarse, que también ha sido joven y que también las ha pasado canutas.

 Porque esa es otra y cuando por tu vida pasa un ciclón del desamor entre las féminas se abre una brecha generacional y en una sobremesa de lo más aburrido se ponen sobre el tapete los dimes y diretes de una intensa vida, que también han tenido. “Pues a tu tía se la dejaron a meses de la boda, uiii la prima… estuvo ahí con un chico que a la vez estaba con otra”, y reflexionas, y piensas que esas anécdotas no van acompañadas por “que disgusto tan grande”

Y entonces respiras, te quitas el ladrillo de la sobreprotección del estómago y piensas que lo mejor para que tu abuela deje de disgustarse por las cosas que te pasan es que corra el tiempo y llegue otra con sus disgustos. Que ahora eres tú y que mañana será tu sobrina que bracea pidiéndote la pintura de dedo la que sufra “que disgusto más grande”, no por tu abuela, seguro que será tu madre y algún día serás tú, asúmelo.

 Y es que llevamos tatuado en los genes esa maravillosa manera de estar en el mundo. Las mujeres nos bebemos la botella de la vida a golpe de sorbitos de disgustos y tragos de felicidad… Yo ahora espero que el camarero tenga a bien de poner sobre la mesa una nueva botella y prometo que contabilizaré los sorbos y tragos con los que apuraré este disgusto tan grande.

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