FINIQUITANDO…

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Hoy Marimandi, una solterona del montón finiquita los servicios del consejo de guerra. Abandona sus filas por baja laboral, emocional y porque me da la real gana…

Como en todo acuerdo contractual llega un momento que ante el incumplimiento de las bases y los puntos, una de las partes se ve obligada a romper el contrato, en este caso, no rubricado. Admito que por una vez la que rompe soy yo y lo hago con una relación que va en decadencia. En decadencia para la interesada que sigue precisando de ciertas connotaciones edulcoradas para continuar en el camino y que como en el cuento de Hansel y Gretel, tiene un hermano glotón que ya ha acabado con el reguero de ayuda que vierte por el paseo de la vida.

 El andar sola es quizás una obligación o el Santo Grial ahora mismo de la tranquilidad personal. Una hoja de ruta para reforzar tus malos hábitos en la vida, esas dos cajetillas diarias de “porque yo soy así” y un par de tubos de “porque me da la gana”. ¿Acaso todos no actuamos en solitario a espaldas de los demás apretando los dientes para que salga bien y no dar explicaciones?

 La fórmula, el silencio espectral. Sé que para mí que soy como la historia interminable en cuanto a chascarrillos e historietas es complicado pero ese es mi nuevo contrato, y conmigo misma. Ya sé a quien reclamar ante algún tipo de anomalía en el envoltorio o alguna tara oculta por los cables y sin generar ninguna problemática, sólo un par de golpes a la autoestima…

Y todo cansada por esas caras de “que vamos a hacer contigo”, o la necesidad de tener que escuchar consejos de esas personas que han aprobado el examen con un cinco raspao. De esos aprobados de la vida que te pedían ayuda cuando estaban estudiando y que ahora te miran con cara de autosuficiencia cuando tú sigues preparando la prueba para una segunda convocatoria. Una segunda, tercera, cuarta y quinta… las que haga falta contando con la de gracia, ya que el cuestionario resulta ser el de tu vida, y del aprobado depende la misma. Tú que eres muy digna pasas  de las chuletas y de los ejemplos ajenos, porque ya no te sirven.

Y es que debes comprender que a pesar de los paralelismos de la vida existe una cosa que se llama personalidad, aquello que aflora en ti como margaritas, mariposas o cualquier tipo de ser vivo, que te hace diferente. Y esa diferencia hasta ahora era materia de escarnio porque evidentemente tú tienes el problema, porque eres la persona a la que no le rueda bien la vida, quizás tengas que entender que hay muchas personas que tienen una rueda deshinchada y prefieren andar y tomar aire antes de arreglar el maldito neumático. Que no es por chinchar pero se volverá a pinchar.

Y es que adelantar, aprobar y salir triunfante con el temario delante es quizás más fácil, o por lo menos, menos complicado. Pero yo para este examen no he estudiado nada, y me presento continuamente, sabiendo lo mismo, confiando en el espíritu santo o la capacidad selectiva de mi cerebro. Y cuando eso lo hacia en la universidad, era una rebelde, una de las muchas que miraba a los que se sabían a pies juntillas apartado por apartado y decía, pringaos… Y salía de clase con un orgulloso 4.5 como la mayoría de sus amigos para ahogar las penas en la cafetería a golpe de caña y sin repasar ni un ápice de la prueba no superada.

No había necesidad de dar explicaciones de lo que a todas luces era un suspenso garrafal y que para nosotros, aquellos estudiantes, era una filosofía de vida. ¿Y por qué no seguir estudiando en la vida, cuando sólo han pasado cinco años, sabiendo que vas a suspender y que el resto entienda que no pasa nada? Imposible.

Así que me tomaré de ejemplo, mi último año de derecho en la carrera, cuando te examinas con jovenzuelos de primera convocatoria, tercera para ti. Llegas a clase, sola, con todo el temario bajo el brazo, te sientas alejada, sola, y lo repasas, sola. Haces el examen, lo mejor que puedes, sin presiones, sólo con una lucha continua contigo misma para demostrarte que sí puedes. Lo terminas, has llenado dos carpetas, lo entregas con tu ficha, te alejas, pasas de largo por la cafetería y te montas en el autobús. Repasas mentalmente las preguntas y casi al final del trayecto sonríes, crees que lo tienes aprobado, no aprobado fijo, y lo has hecho tu sola. Al final, lees tu apellido al lado de un 7,5. Y lo entiendes todo.

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