OJOS PARA MI…

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Marimandi, una solterona del montón entona el mea culpa y regala a sus pocos lectores masculinos un poco de “autocandela”. Y digo auto porque ahora con el paso del tiempo utilizaré lo pavas, lelas y chungas que hayamos podido ser y que ahora a estas alturas de la vida vemos reflejadas en las “pavisosas” que se extienden de este a oeste. Para, por y de nosotras… Ojos para mi regalito para todas…

 

En el reglamento de la mujer digna, ese que tu madre te compra entre la comunión y la confirmación, se te obliga a creer en el amor por encima de todas las cosas. Amor de hermana que te lo pasas por el arco del triunfo francés en cuanto tienes ocasión, amor de hija que revientas a golpe de mentiras piadosas o de mentiras de las buenas porque la buena relación paternofilial es la que se fragua en el disgusto y la bronca continua. Y por fin… el amor de pareja. Y tu eres más digna que nadie y por ello decides comerte la manzana con piel y con todo que allí es donde esta todo el alimento.

 

Este pensamiento de amor sin precio, de cariño sin fronteras y de visión periférica de la realidad es habitual con 15 años cuando te das una oportunidad a pesar de las tetas y los granos. Y lo que para ti es un hándicap a la hora de vestir, que las camisetas deportivas están muy bien para esconder voluptuosidades y el ingente culo que va creciendo día a día así como esas caderas que parecen un pie de rey en constante medición, es un pan de cristo para unos compañeros que echan puntos a tus “bultos” como si fueran los topógrafos del amor en estado de aspirinas efervescentes.

 

Y que hay que decir de esos granos que crecen como si los alimentara tu abuela en navidad y que a ellos se la “pela”, mejor dicho se la pelan con tus granos superiores eso dos que tan mal les suelen dar. Hasta aquí todo correcto. Pero cuando esta situación se repite multiplicada por diez con 27 primaveras, con algún sujetador intrépido y mucha celulitis huyendo de un programa de protección de testigos rozamos lo que se podría llamar “la indignidad absoluta”. Eso es lo que le pasa a mi vecina del tercero derecha y que forma parte ya del refranero popular de mis amigas que como buenas mujeres desplumamos a la misma con bien de agua caliente y tirones en la pluma ajena.

 

Y os diré que mi vecina se contonea como si el suelo le tuviera que pedir perdón por estar tan lejos de esas ingentes caderas de parturienta. Con un cuerpo estupendo, encorsetado en esa talla M temiendo perder un puesto en el abecedario lo que obligaría a terminar a golpe de tijeretazo con la malvada L que pulula sobre sus pequeñas carnes despistadas. Y suma y sigue con ese pelo lacio que sólo toma cuerpo a golpe de grasa capilar de tanto movimiento “sexy” y  que sólo se corta de cuajo cuando ata su cabellera con ese pseudorecogido por llamarlo de una manera fina, coleta de choni para los que no somos unos entendidos.

 

Lo peor de esta especie, o espécimen, es su comportamiento. Y es que ya somos maduras, mayores y casi viejas para ir por la vida con un laralarito vendiendo el amor de pareja como si se tratara del cuento del nunca acabar. Pues chata eso acaba antes que el vestuario de la película  El Lago Azul. Y acaba cuando te enteras que esa historia de amor empalagoso no es más que una ida de olla de princesa con corona de espinas, fruto de ese portento de… imaginación sin darse cuenta que años después esas dos pequeñas le promocionan ese estado de psuedofelicidad sin ir más allá.

 

Más allá va ella y sigue dándole a la lengua sin darse cuenta que esto es peor que la peli de Jim Carrey y que no se graba en ninguna cinta Beta pero sí en la mente de esas, y digo esas, a las que miras por encima de ese hombro del que pende esa tireta de sujetador de mil colores y grosores bajo una camiseta que no acompaña su trayectoria. Aiii quien siembra vientos recoge… por así decirlo, risas ajenas, comentarios varios y suma y sigue… pero tú enamorada de la moda juvenil por esos modelitos imposibles… que sólo podrían deberse al mal gusto de una madre marimandona y sin espejos en casa. Y si la madre falla siempre hay amigas, pero querida, mi vecina del tercero tiene una táctica infalible para venirse arriba a golpe de estrategia. Porque ella funciona así, a golpe de acción premeditada en todos los aspectos de su vida y también buscando sistemáticamente aquellas féminas menos agraciadas para convertirlas en sus fieles escuderas. No es una ONG es la guinda del pastel o el trocito de kiwi sobre un merengue que lo comes por necesidad ante tanta sobredosis de azúcar.

 

Y con los hombres, no podría ser diferente, ella curtida en el noble oficio del persiste y vencerás se tira horas esperando a su media mandarina implorando cuatro gotas de amor que para ella serán un par de vasos colmados de atenciones. Que pena más grande ser miope en el amor y no dominar los movimientos a lo lejos sin ver venir el final de todas… que la mandarina se seca y cuando la echas a la boca te atragantas.

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