TERCERAS PARTES ¿FUERON BUENAS?

La vida en ocasiones parece una película. Alguna es una comedia de esas americanas que a nosotras, mujeres, nos encantan por lo maravillosas que son cuando las ves en el celuloide a sabiendas que eso en la vida normal, esa de espinillas traicioneras y celulitis en expansión apenas se producen. Y si lo hacen, alguna habrá que conozca a su amor amoroso de la mejor de las maneras posibles, un ser puesto en el mundo para andar por el mismo camino, ese ser igual, calcado a papel cebolla para ella, encontrado de la manera más golosa y laminera posible, ese a quien no le importa pasar ni sueño ni hambre por ellas… ese al que las amigas espían de cerca a sabiendas, también, que algún fallo, tara o roce tiene el “príncipe”. Y entonces la película de tu amiga es una “historia de ciencia ficción” para el común de los mortales y seres, por supuesto, femeninos.

También hay historias propias de llevarlas al cine por lo de dramón propio de los filmes domingueros tras la paella familiar. En este caso, el resto de nosotras, las tomamos de referencia para pensar que hay mujeres que lo pasan peor. No sirve de nada pero ayuda a mirarse al espejo de manera distinta, ayuda a disipar la frustración y también a canalizar lo negativo como si fuera un simple dolor de barriga. Esa amiga que todas tenemos, esa que en ocasiones podrías ser tú, que a pesar de los intentos, de las buenas intenciones, de las horas de maquillaje y los años delante del espejo no es capaz de arrancar en la carrera de ser una mujer de provecho, casadera, casada, con buen marido y si puede ser, feliz. Es una mujer vitalista, enamorada de las oportunidades, embelesada con la ilusión de las primeras horas conociendo a un hombre y al final del mes realista con una situación que no le es desconocida, la de volver a estar sola, la de echar la caña de nuevo en la balsa del amor del segundo y del minuto.

Las flores nunca se pochan en la ventana de la que vive el día a día sin preocupaciones. Aquella que mueve sus fichas amorosas a golpe de salidas nocturnas, los cubatas justos, conversaciones medidas y amores de ocasión. La que vive la vida propia de un soltero, de un corte clásico caballero, la envidia para ellas por despojarse de la dignidad femenina, del yugo del chismorreo y del darse a entender entre las de su especie. De aquella que en vez de moverse, vuela, de aquella que no anda, pulula y de la que es capaz de conseguir al que sea o desea con la varita mágica del susurro. Aquella que cuenta con la mirada cotilla de las demás y la de veneración de las que salen con un poco más de pintura y con muy poca autoestima. Entre ellos es la reina, la mejor, la que no crea ni genera problemas, la que es capaz de levantar el aullido del grupo de amigos mientras él sale tras ella. El interés entre las partes es el mejor contrato, sin firmas, sin compromisos, casi sin despedidas. Pero en el fondo, querida mía, el calor ajeno no apaga las ansias de conseguir aquello que nosotras las “felalas” anhelamos. Nosotras lo pedimos entre nosotras, lo comentamos, lo hablamos abiertamente sin miedo a que nos tilden de ñoñas, complicadas y casi inaccesibles por lo de no cumplir con las expectativas de mujer independiente y sin ganas de depender. Tú lo buscas, no lo encuentras, y te mientes al pensar que el mejor señuelo garantizará una pesca que en el mejor de los casos se quedará en morralla.

Ya se ha llevado al cine y muchas veces el caso de esa mujer a la que se la juegan, a la que apuntan a bocajarro contra lo que más le duele, el pasado. Los casos de mujeres que caen, tropiezan, se recomponen y resbalan en la misma peladura de plátano que no les permite avanzar más allá. Aquella que tiene un escudo, un acorazado hecho de baja autoestima, que no le permite ir a tomarse algo sin dejar de mirar a los lados buscando al más malote, quedándose con su cara y después proyectándola sobre el amigo majo del chico normal para proveerse del hombre que no la hará sufrir. Sin darse cuenta que quedándose con aquello que la vida le brinda no le hará feliz, nunca se quitará la manta que nunca se ha liado a la cabeza y vivirá en su pecera de pseudo felicidad hasta que llegue otra, siempre es otra, que ayude a desencantarla gracias a la sustracción del que hasta hace unos minutos era su novio. Y la desgracia se repite…

Las hay amigas del estar por el estar e íntimas del quedarse con lo que tengo porque mira como llueve fuera. Éstas se aferran a las malas noticias que llegan de todos los frentes para refrendar que su vida amorosa no surfea sobre las mejores olas pero tampoco es pasto de las peores de las resacas. Y así pasan los días, las horas, los minutos y los instantes sin levantar el pie del freno, guardando la compostura, enfadándose lo justo, tendiendo puentes que ni la lavandera del portal navideño y dando oportunidades a algo que tiene firmado por notario un final, que no se alarga simplemente agoniza. Y todo por no volver a estar… SOLTERA.

Marimandi vuelve a las andadas, vuelve a ser de las vuestras, de las de no tengo compromiso ninguno y me sonríe la vida. No sé si me saca la lengua, me pone los cuernos sobre la cabeza para la fotografía o me da algo que seguramente merezca. Admito que he sido alguna de todas esas emparejadas, incluso peor, que he querido, que lo he hecho con empeño, que me he equivocado y que he intentado enmendarlo. Ahora queda una nueva etapa, también espero que sea parte de vuestras vidas gracias al Blog, quizás haya pinchado en dosis de ilusión, en grageas de ímpetu o simplemente me haya hecho un poco más mayor mientras vivía una de esas anécdotas vitales que dicen que cuento tan bien.

Admito que me gustaría ser NO SOLTERA, pero una de esas con alguien que sea capaz de no borrarme la sonrisa de dientes torcidos, alguien que a diario no deje de mirarte de arriba abajo haciéndote sentir la montaña más alta y escarpada que ha conseguido conquistar. Esa persona a la que se le permite todo por el mero hecho de que con ello siempre existe una recompensa. De ser el remitente de todo aquello que me queda por dar, con un precio justo, porque algo que sí he aprendido de este último viaje y es que todo aquello que no carece de moneda de cambio pierde su valor en cualquier compraventa con la vida. Sigo sola, sobreviviré, y formaréis parte de ello.

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