SILENCIOS ¿INCONMODOS?

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Marimandi sigue a la carga… vuelven a la mente muchos temas de esos que se merecen un post y de los buenos. Y entre ellos los silencios… porque queridas que complicados son los silencios y que cabrones también. Y esta circunstancia que a nosotras nos maltrata, bueno para ser justas, con la que nos maltratamos porque somos más masocas que los protagonistas de 50 sombras de Grey, no nos hace falta ni fusta, ni esposas, ni cintas en los ojos… echamos a volar con nuestra imaginación y tocamos el cielo de la invención supina. Y cuando la persona que tienes delante tiene la maravillosa fórmula mágica de no contestar… ya ni te cuento.

Tú que estas empezando etapa, que pruebas la comodidad de no dormir siempre sola, de compartir baño, de oler a hombre a diario y de estar estupenda siempre… cuando digo estupenda es estupenda… que te has comprado un pijama conjuntado para ir radiante, que has abandonado los calcetines de muñequitos porque… chica con la treintena eso para tu casa, que sólo usas las bragas de algodón cuando sabes que no lo vas a ver y si te visita por sorpresa, tú muy fina, entras en el baño con la braguita de blonda negra para cambiarla por la de cuello vuelto y color visón. Ya tendrá tiempo de acostumbrarse a este tipo de bragas de vieja que te ayudan a paliar los efectos de la edad, de las malas digestiones y que te hacen algo de culo cuando el tuyo es una de las paredes de los Mallos de Riglos, para los foráneos, culo plano.

Y todos estos cambios que a priori son gustosos y los haces de mil amores, porque los mil amores, también se acaban ehhh. Vamos a ser sinceras porque nosotras somos estupendas hasta que se nos cruza el aire y allí fustigamos a los hombres haciendo las cosas a regañadientes y dejando constancia de lo arduo, complicado y ufff… insufrible que es cocinar, limpiar o simplemente estirar las sábanas cuando tú siempre lo hacías de mil amores. Que los amores se restan conforme aumenta el ceño de muchas de nosotras. Y más de una leerá y dirá… yo no. Jajaja. Hace falta más autocrítica.

Aparejado a los mil amores va aquello de las conversaciones interminables sobre cualquier tema… horas y horas hablando sobre el aborto de la gallina con puntualizaciones propias de Punset, disertaciones de media hora que siempre acaban con un beso en la boca, un trago de vino, y una mirada de esas que te mueven el alma. Con el tiempo las conversaciones cambian, los temas se vuelven más mundanos, la lista de compra entra en juego o la disertación de cómo nos repartimos el fin de semana entre tu familia y la mía. El trago de vino se multiplica, la mirada se divide, y el beso a veces incluso desaparece. Amigas si sois como yo, que no me callo ni por decreto de Rajoy, esto no ocurre. Siempre hay tema, siempre hay de aquello de lo que se puede y debe preguntar y si a eso le aparejas la profesión… ni te cuento. Alguna vez y con algún ex… en cuestión el de las mariposas en el estómago y el amigo no eres tú soy yo… claro eres tú el que ha abierto la jaula de las mariposas, han echado a volar y mira por donde… había una pájara que tenía la suya bien bien abierta… jajaj este no era amigo de la palabra, tampoco del vino, y entonces yo me veía en la necesidad de monopolizar las conversaciones para evitar el tan temido silencio… ¿Ha pasado un ángel? NO. Lo que pasa que ya no sabemos que contarnos…Pero siendo sincera considero que es de esas cosas que se pueden cambiar, modificar y mejorar. Y lo digo con conocimiento de causa y desde entonces nunca más me ha pasado. Ahora casi nunca nada me quita el habla y si lo hace es porque hasta yo me quedo sin vocabulario.

Bueno volviendo a lo mío que me lío de mala manera. Los silencios. Esos que el género masculino usa extremadamente bien y chica serían los únicos que aprendieron en el colegio, en clase de música, que el silencio también es un sonido. Toma, toma. Y es entonces cuando lo ponen en marcha en las múltiples escenas cotidianas. Empezamos. ¿Cariño este vestido me sienta bien? SILENCIO. Tu lectura: Este cabrón me ve más gorda y no tiene arrestos para decírmelo. ¿Cariño está bueno el pollo al horno? SILENCIO. Tu lectura: Y este ahora no me dice que está bueno con lo que me ha costado ponerlo en el horno. ¿Cariño qué les he parecido a tus amigos? SILENCIO. Tu respuesta: Mira éste que no me quiere decir lo que los otros han dicho. Y así… en innumerables ocasiones.

Nosotras lo llevamos fatal porque la falta de respuesta es algo que las mujeres no llevamos bien. Se nos atraganta el silencio y no dominamos el tai-chi al nivel de pasar por alto “solemne falta de respeto a tus pensamientos/invenciones”. Y entonces pueden ocurrir dos cosas. Se monta la Segunda Guerra Mundial, con trincheras y todo, por supuesto tu artillería está bien cargada pero no tienes nada que hacer cuando tu chico saca la libreta de los “No pasa nada” y en la que tiene anotada cada metedura de pata femenina con fecha, hora y anotaciones al margen. Que para no ser nada madre mía lleva ahí la historia de Harry Potter en versión extendida.

O bien y la que más te exaspera. De nuevo el silencio. Y conforme pasan los minutos tu mirada se torna espada y cual justiciera esperas la respuesta correcta y nunca llega. Nunca llegará tampoco. Y entonces añade… ¿Y qué quieres que te diga? Y ahí sí que sí llega la tercera Guerra Mundial.

Y nosotras, sí chicas, nosotras no comprendemos que quizás muchas veces el silencio sea la solución a muchos de los problemas diarios. Y no nos damos cuenta que por mucho que nos digan, la respuesta no estará a la altura de lo que esperas, nunca lleva el verbo correcto o simplemente la ha pronunciado dos minutos tarde… Y no es exigencia, es putería femenina, ese gen está dentro de nosotras y la que diga que no “MIENTE”. No pasa nada con asumirlo porque seguramente que vuestros chicos vivirán más tranquilos a sabiendas que no te atragantas con el bipolarismo, que eres capaz de razonar sobre tu comportamiento y que eres consciente de que muchas veces tu cabeza va 18.000 veces más rápida que su bulbo raquídeo.

Si nosotras practicáramos el silencio seguramente ellos nos lo agradecerían. No tendrían que oírnos de manera aireada, “Chico, chico como te estás poniendo igual hay que hacer algo de footing”, “El pollo de tu madre muy rico pero ya sabes que a mi me queda mejor” y “pues tu amigo Paco tiene algo oscuro en su mirada. A mi me descuadra un poco”. Cosas que ellos se callan, en la mayoría de las ocasiones para no entra en guerra y en la otra mayoría para no hacernos daños. Pero si no fuera por ese silencio que sería de este post.

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