L@S AMIGOS…

                                 Sin-título1

Cuando vuelves a emparejarte… vuelven las obligaciones, muchas gustosas, otras no tanto para que mentir, pero una de las que no te escapas ni con un rebrote de varicela con pústulas feas feas… es el hecho de conocer a nuevos amigos. Marimandi analiza el proceso y mecanismo de conocer a los amigos, esos tíos y no menos importante, las tías, que son las que verdaderamente mueven el cotarro en las cuadrillas masculinas. ¡Qué recuerdos de mi etapa euskalduna!

Echarse novio, pareja, arrime… como se quiera llamar implica muchas cosas nuevas. En mi caso repetir procesos de los que ya no te acordabas y que siguen siendo igual de complicados. No por molestos sino por la preparación mental con la que tienes que ir de antemano porque nunca se sabe… Y un día de esos, el que menos te esperas, estás en casa en pijama y tu “amigo” recibe un whassap con una invitación obligada para tomar unas cañas con sus “amigos”. Esos que conoces de oídas, apenas te acuerdas de sus motes, y de los que sólo conoces su faceta más hardcore en plena borrachera. Tras esa invitación te viene a la mente todo aquello de lo que has hablado con una copa de vino y que ahora vuelve a tu cabeza como si fueras la secretaria de una Empresa de Trabajo Temporal con los mejores curriculums sobre la mesa.

Y ahí ya… chata… lo tienes todo perdido. Tú que ya conoces el percal preguntas como quien no quiere la cosa… ¿Va alguna chica? Y la respuesta siempre es afirmativa. Y tu “pareja, amigo” cree que es algo positivo en cuanto a lo de la sociabilización femenina pero a veces… es el escollo que existe en cualquiera de las cuadrillas masculinas habidas y por haber. Y más si es la única mujer entre tanto hombre, a los que trata con un cariño, raro, raro, raro… y que guarda con un celo nada normal… Tú llegas de nuevas, y ello requiere media hora más ante el espejo, doble dosis de quitamanchas, tres kilos de corrector, dos toneladas de iluminador, bien de chapa y pintura… te pones de negro vaya a ser que sentada con el taburete visualice la lorza esa que tiene la manía de no desaparecer aunque tú te metas con ella, la insultes, la maltrates, ella sigue ahí cual perro pulgoso.

Acabas el proceso, a veces ni te reconoces de cuanto te has afanado en que la cara parezca la pared enrasada de cualquier obra y listos… a la calle. Y mientras vas en coche, con la radio a medio gas, te preparas sabiendo que las primeras impresiones son las que cuentan. Tú sabes a pies juntillas que entrar altiva es ir de sobrada, entrar escondiéndote te hace débil y entrar con una sonrisa, ¿acaso la gente entra sonriendo en los bares? Ya sabes que eres caballo perdedor ante tantos parámetros negativos… y tú que has aprendido más que un crío de Primaria decides dejarte llevar y que sea lo que Dios quiera. Y Dios quiere que los tíos sean estupendos, majísimos, divertidos, y te hagan el mal trago algo más fácil de engullir. Habladores, los mejores entrevistadores del mundo y sobre todo sabes que en esas miradas ya turbias por la cerveza no se esconde nada más allá. Si fuera por ellos el pobre Iker Jiménez no tendría nada que hacer… Y adiós a cuarto milenio. Pero cuando ya estabas tranquila, siendo tu misma, aparece la reina de la manada.

Y ella que los conoce a todos y se sabe todos los motes, te hace un marcaje que ni los perros con los neumáticos nuevos. Todo comienza con un ¡Ah. Hola!, saludo como si fueras una cucarachita pequeña y negra a la que saluda por ¿educación? Y ya… no hay remedio. Se pasa el rato mirándote de arriba abajo, te busca imperfecciones, te mide como si llevara un metro de esos con lucecita cada peca, imperfección y se queda media hora mirándote las tetas. Apura la mirada, aprieta los ojos, calculando la copa, el contorno, si la tira se cae porque eres de hombro liso, etc. La cosa se pone complicada cuando los hombres te piden una tapa, de esas que chorrean por los lados y que ellos engullen de golpe, ni paladean, y tú piensas, te haces una tesis doctoral de cómo cogerla para que no te caiga el chorrete, haces participaciones mentales para parecer finísima, sin perder la compostura y sobre todo siendo muy “fina y segura”. Lo consigues y te reafirmas pasando la lengua por los dientes, muchas veces y con violencia, como tu madre cuando pasaba el cepillo antes de lavar de pantalones campana tras una noche de borrachera. Perfecta.

Prueba superada y ahora llegan las copas. Y tú que hace siglos que no te bebes un cubata, que eres de borrachera sostenible con dos cervezas y punto, te apuras pensando que “bebía yo en la etapa del mesozoico”. Y aparece el vodka-naranja, recuerdas que eso no dejaba resaca y que podía beberte entre tres y cuatro sin apenas problema. Y lo pides… y ella se gira como si hubieras blasfemado a un nivel inusitado… ¿Eso? Ufff eso lo bebía en la Universidad. “Anda y yo también”. Ella se pide un gin tonic con nombres imposibles, no se cuentas pimientas y una rodaja de pepino. Será que se ha quedado con hambre la chica esta…Todo muy cool. Con pajita… que es mucho más glamuroso y permite afinar la vista cuando tu amigo te da un beso en el cuello. “HEREJES”.

Y lo mejor llega cuando los hombres se ponen a bailar, a su estilo, sumándose ella, siendo la reina de la fiesta, moviendo el culo y la cadera como nunca. Y digo nunca porque su novio la mira entre la incredulidad y la vergüenza ajena por lo que le coge la copa, la deja en la barra y la aparta del grupo… Pero ella sigue… Sigue queriendo desestabilizarte ante un miedo infundado porque tú estas más “giñada” que ella. Y acaba la noche… y tú vuelves a su casa… sabiendo que ellos son un encanto, que seguramente se acordarán de tu nombre y te saludarán cuando te vean. Y así es. Y también sabes que volverás a coincidir con ella, siempre acompañadas por vuestros respectivos, y te dirá “Ah sí, ¿cómo te llamabas”. Tú que además tienes un nombre de lo más común y del que la gente se suele olvidar.

Y las cañas son caldo de cultivo para más post… porque tú no conoces a nadie pero chica parece que a tí te conoce hasta el apuntador, incluso te apuntan con el dedo, o los más desvergonzados se acercan y te piden referencias como si fueran tu casero, pidiendo un mes por adelantado, la nómina y una declaración jurada de lo buena persona que eres.

En el fondo eso nos pasa a nosotras y también a ellos. Las mujeres también tenemos amigas, aquellas que son unas secas y que no sonríen ni por imposición de bando municipal, las amigas majas que de tan majas se hacen pesadas, las charlatanas que te ponen la cabeza como un bombo o simplemente la subidita de tono, y de tonto, que mira de soslayo calibrando la belleza de una con la suya… pensando… pues no sé que tiene ella que no tenga yo… y cuidado con esas… que son las peores, son de las que robaban el color carne en la clase de preescolar y jodían al resto pintando las caras de color rosa tocino, o naranja apache, para el resto del curso.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s