Autoexigencia femenina… ¿masoquismo de género?

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Marimandi, una solterona del montón vuelve a las andadas. Tras varios meses de silencio espectral, la vida provoca cambios que como los helados saben a gloria… pero cuando has acabado con el cono de nata/choco llega ese malpensamiento sobre el futuro de la gloria bendita. Las caderas, la tripa, el culo incluso los tobillos que las hay muy exageradas.

 

Y quizás Marimandi ya no esté soltera pero ahora sí revive todo aquello que “criticaba” hace unos meses y que a nosotras en el fondo nos encanta. Pero hay una cosa que ni solteras, ni rubias, ni bajitas, ni celulíticas se nos pasa y no es otra cosa que la autoexigencia. Si esa cosa que nace cuando eres pequeña frente al espejo cuando tu prima la del pueblo es más rubia, más alta y más graciosa.

 

Continua en plena adolescencia cuando tú, que eres el ojo derecho de tus abuelos y la apuesta segura de tu madre en cuanto a belleza, te vas de vacaciones a la playa y vuelves siendo la misma, plana, con chichas y llena de trencitas. Y descubres, que eres una cría, cuando la Jessy tiene dos bultos llamados tetas, un pelazo suelto y una camiseta corta que enseña un piercing; toda una declaración de intenciones. A todo eso se le llama complejo, pensareis alguna, pero ese es el lodo primogénito de estos barros. Unos barros de estar a la altura, da igual que seas una garza con unas piernas más largas que el corredor mediterráneo o vivas en tu mundo de ilusión del metro y medio malmedido. Da igual, eres mujer, luego autoexigente.

 

Y ahí miento y mucho. Porque las hay que viven por encima del bien y del mal, nada les molesta, nada les ofusca, la goma de la braga nunca les aprieta y siempre están morenas. Pero aiii queridas mías, que ese mundo de luz y de color, tiene los minutos contados (en algunos casos pueden ser horas) porque siempre aflora una inseguridad para ser más que nadie, hacer las cosas mejor que nadie y no es porque somos estupendas… NO. Es por el que dirán, porque en esta vida has tenido que sobrevivir junto a tu prima la rubia que recibía más paga que tu, que siempre has sido la amiga maja de la Jessy y que ahora eres la pringada que llega a todo, a un novio exigente, que no auto y a un trabajo que te absorbe el color, la energía y la vida (peor que un caracol en una casal de Lérida).

 

Ser perfecta, parecer perfecta y ¿sentirte perfecta? El sentir o el apetecer son verbos que la autoexigente no utiliza,  vaya a ser que se nos vaya la olla y pensemos en nosotras mismas. La autoexigente es capaz de hacer de todo y sino lo aprendes, verbo que utilizas a mansalva porque tú sí debes saber de todo. La autoexigencia no te permite estar de bajón, ni tener resaca, ni comer de más en una boda, vaya a ser… y dale con el vaya a ser… que después te vas del bar sin pedo, con tus amigas ciegas y habiendo escuchado todos los problemas que ellas sí cuentan sin pensar que pensarán de ellas.

 

Porque las autoexigentes pensamos y lo hacemos de más. Pensamos antes de hacer las cosas porque tener un programa es muy importante, pensamos mientras porque las cosas a lo loco no se hacen y pensamos después con un “si hubiera hecho, hubiera dicho” y lo peor, todo ello con un NO delante.

 

Más verbos… Ah si, ser una ONG andante. Una defensora de las causas perdidas, y la causa perdida es tu amiga la Mari, que lleva toda la vida recibiendo el sueldo nescafé de la suerte. Chica toda le llega a ella, y todo es maravilloso, huele a rosas y es “chuli”. Lleva soltera tres meses y pam.. el día que tú no decides salir, ya que un grano de postperiodo ha decidido asentarse en tu napia, conoce a un moreno, con trabajo fijo, guapo, fuerte y… (se me quedan cortas las comas). Y tú que estas asqueada, que piensas en porqué a mi esto nunca me pasa y repiensas, ¿esto a mi me pasará algún día? eres majísima y estás ahí aguantando una descripción digna de un 8 en clase de Historia del Arte. Todo ello semanas previas a una ruptura, sin sentido, sin saber el porqué si todo era maravilloso y tú, que sí te permites reír por lo bajini, piensas de nuevo esto a mi no me hubiera pasado. Y por fin… has pensado en ti y en positivo ¿y para cuando la próxima?

NADA ES NADA…

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Marimandi, una solterona del montón analiza las situaciones más ¿rocambolescas? que llegan tras la palabra Nada. El que nada no se ahoga pero valdría más bucear cuando a nosotras, las mujeres tranquilas, maduras y estupendas se nos atraviesa ese nada como el santo grial de las paranoias masculinas.

 

Quién no ha tenido una cena romántica con su chico/pareja/rollete y se ha sentado en el sofá a ver cualquier cosa para nosotras, una gran película para ellos, y se ha desencadenado la segunda guerra mundial tras un inocente NADA.

 

   -¿En qué piensas?

   – En nada

 

Y aquí se genera el desastre…

 

        No me creo que no pienses en nada…

        Estoy viendo una peli, ¿en qué quieres que piense?

        En nada, en nada, pero no me lo creo

        Ufff (suspiro por la pérdida sistemática de paciencia)

        Ufff (suspiro de derrota por no saber que piensa el macho alfa)

        ¿Y a ti te pasa algo?

        Nada.

 

Y ya se ha montado el belén padre. Porque acaba la película, vais a la habitación, te cepillas a conciencia los dientes intentando acabar con la placa bacteriana pensando en qué es lo que a tu pareja le hace admitir que no le pasa nada. Te pones el pijama y te acuestas a 20 centímetros prudenciales dando un beso en la mejilla y esperando un acercamiento por parte del que nada sin ahogarse a la espera que se te rebaje la presión de cafetera de las de antaño.

 

Tú que eres digna, cierras los ojos, pensando que él es retrasado a la hora de pensar que respiras con fuerza bufando cual hombrizo llegado de juerga sin darte cuenta que estas más rígida que una puerta a la espera de que encuentren tu llave para acabar con un enfado de chiquilla de morritos apretados.

 

En el mejor de los casos se desencadena la solución. Él que no quiere que se le hagan las mil se acerca a ti cariñoso y te pregunta…

 

-Venga dime qué te pasa.

-Nada.

– Nada no, algo te pasa.

 

Y ahí se abre el cajón de… y empiezas a llorar y aspirar mocos como el robot ese que te regalaron en navidad que atropella muebles, aspira calcetines y te muerde los tobillos cual perro del vecino apodado “pelucas”. Y ahí ya salen tus inseguridades, los problemas de comunicación que viven parejas ficticias que te inventas para dejarle claro que si “nada” de nuevo tiene un final claro y la necesidad “intrínseca” a las parejas de provecho de contarse cualquier estado de ánimo más allá de los bien, mal y regular, que tu quieres dar más empaque a una conversación que no tiene parecido ninguno a las notas de las EGB.

 

Y él tras más de dos horas de escucha selectiva, afirmación retirada cual gato dorado de la cultura china, comete un error de los que no hay vuelta atrás…

 

        ¿Ya has acabado…?

 

Y si malo es la respuesta peor es la falta de ella y tú coges tu dignidad y almohada y te retiras al sofá esperando claro está que cinco minutos más tarde aparezca con el alma a los pies, los ojos hinchados y la paciencia en edad de emanciparse a acogerte entre sus brazos. Te revuelves, lloras, pataleas y acabas fatigada en tu cama, tu príncipe te ha llevado a ella mientras sollozabas y él acaba en el sofá cansado, agotado y pesaroso por haber pasado de Guatemala a Guatepeor… buscando en qué punto le han cambiado a la fierecilla domada por el león de la Metro Golden Mayer sin avisar, así como quien no se entera.

 

Pero todo no acaba ahí. Y al día siguiente, el nada muta en ese brutal… tú sabrás. Y los tíos, pobres de ellos porque me dan pena, no saben lo que les espera. Porque nosotras queridas hemos tenido esas maravillosas maestras llamadas madres que utilizan esa expresión cada vez que quieren tocarte la fibra con todos los dedos de la mano. Y él corre al armario y se pone la equipación completa para sobrevivir a una tormenta que seguro amaina por el cansancio de los dos, la madurez a medias de la pareja, que volverá a decirse nada a la espera de sobrellevar un capítulo más de la maravillosa vida en pareja. 

EL VERANO YA LLEGÓ, YA LLEGÓ…

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Marimandi, una solterona del montón se baja de su soltería y se monta un post de moda… no por especialista sí por ciudadana afectada por esas radiaciones que emiten esas fosforescencias, sujetadores protagonistas o leggings temáticos como si fuera la manta de invierno de Pocahontas.

 

El verano ya llegó, ya llegó, costó pero está aquí. Y bendito sea porque las conversaciones del Consejo de Guerra quedaban descafeinadas con tanto trasiego amoroso de sus participantes. Que buenas son las terrazas para ponerte al día de las tendencias veraniegas para todos los gustos, porque Inditex está de moda, pero los estilos libres son los reyes de la pasarela.

 

ANIMAL PRINT

 

Mi vecina la del tercero es amante de esta tendencia que prolifera en todas sus vertientes y prendas. Y es que la cebra, guepardo, leopardo o elefante blanco en camiseta de cinco euros es lo que más se lleva. A ello le sumaremos una fina combinación con zapatillas con alzas, de esas blancas y ortopédicas que bien se merecen un ladillo alusivo. Las amantes de este modelo no son otras que jóvenes morenas con “pelasos” divinos que no suelen peinar a diario, lo de su lavado aún está por comentar, y que lucen sin temor ninguno a la crítica leggings que te obligan a hablarles en “braille” debido a esas estrecheces que en vez de convertirlas en una carretera secundaria con curvas y encanto las deja a la altura de una buena autovía de la Castilla profunda con tres carriles que no decrecen ni a la altura de los tobillos.  

 

CONITO

 

Las jóvenes son también protagonistas de este segundo grupo, las cono de carretera. Que los colores fluor, típicos de bikini barato del chino hayan irrumpido en todas las tiendas está muy bien sabiendo que para llevarlos debes estar medianamente morena y que no todo sirve para combinarlos. Pero que más da si lo importante es llevarlo puesto… Es entonces cuando conviven los “animal print” con estos colores tan favorecedores para las dueñas de ese blanco lechoso, ese color horchata o ese tinte blanco enfermo propios del mes de marzo y que muchas guardan bajo llave hasta el mes de agosto. Todo ante el temor de mutar en el cangrejo Alejo y ponerse al nivel de un alemán con sobredosis de sol ataviado con un chaleco reflectante tras el pinchazo de su caravana. Prevenir es curar… piensan éstas que carecen de amigas y criterio estético pensando que el mundo fosforito es lo que mejor les sienta sin darse cuenta que parecen tus apuntes de carrera de Derecho Institucional que subrayabas a conciencia a ver si por aprendizaje fotográfico te quedabas con las figuras jurídicas españolas.

 

ROPA INTERIOR

 

La ropa interior es interior por algo. Si alguna tía se pusiera las bragas sobre el vaquero muchas de las usuarias del sujetador como camiseta se echarían las manos a la cabeza diciendo… “mira donde va esta”. Eso mismo digo yo de esas que desconocen que el mundo de la corsetería ha dado un salto sustancial desde los “acorazos Potemkim” de nuestras abuelas. Existen sujetadores con y sin tirilla, los hacen con tiras de colores, extraíbles y transparentes. Éstos últimos lejos de evitar la visualización de la misma te remarcan su función a través de un acople estupendo a tu piel fomentado por el sudor y la falta de transpiración.

 

Bien. Sí usas camisetas transparentes a las que las finas les añadimos una camiseta interior de colores para darle una pincelada de clase utiliza un sujetador medianamente ponible, no ese que llevas para todo llevar y que es propio de compra materna que busca la comodidad ante todo. También los hacen de casi todos los colores, por eso no hay problema para combinarlos y además queridas existe el maravilloso color carne, tan poco erótico, pero tan servible para realzar el color blanco de las camisetas sin la visión sin pixelar de tu sujetador negro con puntillas de “Hello Kitty”.

 

LEGGING SIMÉTRICO

 

Que grande es la incorporación de la tendencia “apache” a la moda actual. Prueba de ello es la utilización a mi juicio desmesurada de esos leggins simétricos que han democratizado esta prenda hasta la saciedad. Lo lleva la delgada, sobrándoles pelín de tela del tiro, haciendo unas bolsas complicadas de rellenar, o mejor las que lo llenan todo y son capaces de crear un entramado nuevo gracias a la contención de carne, celulitis y demás fauna viviente en las extremidades inferiores de sus propietarias. Sin olvidarnos de las amigas del “pantobi” que con esas “mayitas” quedan bien ergonómicas, pareciendo un pie de una lámpara de esas con las que te chocas irremediablemente a la vuelta a casa de una mala noche de sábado.

 

TACONES LEJANOS

 

El verano pone de moda el tacón y las alzas tan aplaudidas entre las que medimos poco más de metro y medio mal medido pero con mesura queridas. Hay que ser conscientes de las limitaciones que asumimos a lo largo del año cuando apenas rebasamos los tres centímetros de tacón en botas y zapatos y que parece que son un hito a olvidar cuando el calor aprieta. Te compras las alzas más monas del mercado, da igual que sean de esparto, igual de altas son… y saltas a la calle y digo saltas porque ante la altura y tus extrañas maneras pareces la hija adoptiva del “Caballo de Bonansa” clavando pezuña y frenando con la planta, vaya a ser que me la pegue con estos tacones que luzco tan bien.

 

Y a media noche te quieres morir, no porque tengas calor, no porque la ralla del ojo sea un ojera monumental o no porque tu amiga dice que le ha sentado mal la cena maridada con un whisky-cola tras otro aprovechando que el feo de la barra paga mientras le mira el escote. No. Estas jodida notando en latencia ese callo que se aproxima en la planta de tu pie a consecuencia de una cuña que tiene una escasa vida en una parte de tu armario diciéndote a gritos “Cobarde”, estando sin apenas estrenar y que pasará a formar parte del armario de alguna otra amiga. Ésta considera que puede darle un mejor uso, momentos antes de comprobar, que a veces las herencias hipotecan la salud de sus pies a golpe de dureza.

 

Aiii queridas mías, volvamos a nuestra etapa prepuber, a esa en la que las camisetas tapaban los pantalones cortos y todos sus efectos, esa etapa en la que éramos amantes de los tops deportivos y robábamos a nuestros primos y hermanos las camisetas “Nike” y “Adidas” deseando heredar tamaño regalo del que presumíamos delante de nuestras amigas que olían profundamente el suavizante de tu tía.

OJOS PARA MI…

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Marimandi, una solterona del montón entona el mea culpa y regala a sus pocos lectores masculinos un poco de “autocandela”. Y digo auto porque ahora con el paso del tiempo utilizaré lo pavas, lelas y chungas que hayamos podido ser y que ahora a estas alturas de la vida vemos reflejadas en las “pavisosas” que se extienden de este a oeste. Para, por y de nosotras… Ojos para mi regalito para todas…

 

En el reglamento de la mujer digna, ese que tu madre te compra entre la comunión y la confirmación, se te obliga a creer en el amor por encima de todas las cosas. Amor de hermana que te lo pasas por el arco del triunfo francés en cuanto tienes ocasión, amor de hija que revientas a golpe de mentiras piadosas o de mentiras de las buenas porque la buena relación paternofilial es la que se fragua en el disgusto y la bronca continua. Y por fin… el amor de pareja. Y tu eres más digna que nadie y por ello decides comerte la manzana con piel y con todo que allí es donde esta todo el alimento.

 

Este pensamiento de amor sin precio, de cariño sin fronteras y de visión periférica de la realidad es habitual con 15 años cuando te das una oportunidad a pesar de las tetas y los granos. Y lo que para ti es un hándicap a la hora de vestir, que las camisetas deportivas están muy bien para esconder voluptuosidades y el ingente culo que va creciendo día a día así como esas caderas que parecen un pie de rey en constante medición, es un pan de cristo para unos compañeros que echan puntos a tus “bultos” como si fueran los topógrafos del amor en estado de aspirinas efervescentes.

 

Y que hay que decir de esos granos que crecen como si los alimentara tu abuela en navidad y que a ellos se la “pela”, mejor dicho se la pelan con tus granos superiores eso dos que tan mal les suelen dar. Hasta aquí todo correcto. Pero cuando esta situación se repite multiplicada por diez con 27 primaveras, con algún sujetador intrépido y mucha celulitis huyendo de un programa de protección de testigos rozamos lo que se podría llamar “la indignidad absoluta”. Eso es lo que le pasa a mi vecina del tercero derecha y que forma parte ya del refranero popular de mis amigas que como buenas mujeres desplumamos a la misma con bien de agua caliente y tirones en la pluma ajena.

 

Y os diré que mi vecina se contonea como si el suelo le tuviera que pedir perdón por estar tan lejos de esas ingentes caderas de parturienta. Con un cuerpo estupendo, encorsetado en esa talla M temiendo perder un puesto en el abecedario lo que obligaría a terminar a golpe de tijeretazo con la malvada L que pulula sobre sus pequeñas carnes despistadas. Y suma y sigue con ese pelo lacio que sólo toma cuerpo a golpe de grasa capilar de tanto movimiento “sexy” y  que sólo se corta de cuajo cuando ata su cabellera con ese pseudorecogido por llamarlo de una manera fina, coleta de choni para los que no somos unos entendidos.

 

Lo peor de esta especie, o espécimen, es su comportamiento. Y es que ya somos maduras, mayores y casi viejas para ir por la vida con un laralarito vendiendo el amor de pareja como si se tratara del cuento del nunca acabar. Pues chata eso acaba antes que el vestuario de la película  El Lago Azul. Y acaba cuando te enteras que esa historia de amor empalagoso no es más que una ida de olla de princesa con corona de espinas, fruto de ese portento de… imaginación sin darse cuenta que años después esas dos pequeñas le promocionan ese estado de psuedofelicidad sin ir más allá.

 

Más allá va ella y sigue dándole a la lengua sin darse cuenta que esto es peor que la peli de Jim Carrey y que no se graba en ninguna cinta Beta pero sí en la mente de esas, y digo esas, a las que miras por encima de ese hombro del que pende esa tireta de sujetador de mil colores y grosores bajo una camiseta que no acompaña su trayectoria. Aiii quien siembra vientos recoge… por así decirlo, risas ajenas, comentarios varios y suma y sigue… pero tú enamorada de la moda juvenil por esos modelitos imposibles… que sólo podrían deberse al mal gusto de una madre marimandona y sin espejos en casa. Y si la madre falla siempre hay amigas, pero querida, mi vecina del tercero tiene una táctica infalible para venirse arriba a golpe de estrategia. Porque ella funciona así, a golpe de acción premeditada en todos los aspectos de su vida y también buscando sistemáticamente aquellas féminas menos agraciadas para convertirlas en sus fieles escuderas. No es una ONG es la guinda del pastel o el trocito de kiwi sobre un merengue que lo comes por necesidad ante tanta sobredosis de azúcar.

 

Y con los hombres, no podría ser diferente, ella curtida en el noble oficio del persiste y vencerás se tira horas esperando a su media mandarina implorando cuatro gotas de amor que para ella serán un par de vasos colmados de atenciones. Que pena más grande ser miope en el amor y no dominar los movimientos a lo lejos sin ver venir el final de todas… que la mandarina se seca y cuando la echas a la boca te atragantas.

EL VUELO DEL BUITRE LEONADO

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Marimandi, una solterona del montón repasará el vuelo del buitre leonado, ese macho que despega cuando el nido ya no le ofrece el esperado confort.

 

 

El mundo animal sirve muy bien, en muchas ocasiones, para explicarnos a nosotros mismos el comportamiento humano. Hoy el buitre leonado nos servirá para dar buena cuenta de este “machito ibérico” que prolifera en cada uno de los rincones dejando sus plumas en nidos que deja enfriar ante tal responsabilidad. A cualquiera que lea esto dirá –Ésta se ha vuelto loca- y no les faltará razón. Llegados a este punto de la vida pensaba que este blog dejaría de tener contenido ante la falta de historias…

 

 

La vida es un cúmulo de sorpresas y la primera en la frente. Volviendo a mi hilo que no hago más que perderlo continuamente, hablaremos de ese hombre, el buitre leonado que echa el vuelo, en mi caso, si no lo echan del nido antes de hora. La rapaz llega a nuestras vidas con el mejor plumaje, limpio, colorido y con ademanes de macho comprensivo que te va a tener en palmitas… Tú que eres consciente que eres más de quebrantahuesos, por eso de que está en peligro de extinción, decides con un venga chata date una oportunidad, meterlo en tu vuelo que aún ranquea.

 

 

Al principio chica dices que gusto más grande, vuela a tu vera, diciendo que guapa eres y que cuerpo tienes, te dejas querer porque a eso nos acostumbramos pronto y echas la armadura femenina a un lado ante las instrucciones de tus mejores amigos. Al principio la brisa es dulce y cálida, con conversaciones de horas sobre lo humano y lo divino, pequeñas citas cortas pero intensas y ese tufo a nube de algodón de azúcar que sabes que al final del hartón favorecerá la caries. Tú sabes que llegará pero como cuando eres pequeña te tapas los ojos a ver si tu madre pasa por delante obviando tu presencia, zapatilla en mano.

 

 

Y como un zapatillazo te saben las primeras turbulencias asociadas siempre a una maravillosa frase, “Quiero ir más despacio”. Y tú te plantas con la dignidad, rabia o mala hostia frente a un hombre que se ha valido de todo tipo de chuchería dialéctica para tenerte ahí, pendiente y esperando, esperando que… la torta hecha pan de kilo. De allí sólo sale algo que tú sigues sin entender, un concordato de no agresión, llamado espacio, y sin comprender aún que el buitre era el que te calentaba a diario el nido para que tu aposentaras tus reales posaderas.

 

 

 

Porque has pasado de reina y princesa a un trato de lo más… ¿normal? Y sigues pensando a qué se debe este cambio. Hace dos días planeaba a tu misma velocidad y ahora parece que se ha tragado un valium y se ha dado un chute de “flow” al que, evidentemente, no te ha invitado. Mujer tenías que ser, respiras, cinco, diez, catorce y sesenta veces antes de emitir graznido a modo de queja y llega porque no te aguantas, que la contención es mala y con los líquidos es suficiente.

 

Y pides audiencia y la respuesta cuando llega no vale y cuando no lo hace se te pone en marcha el dispositivo “hinchando colchoneta”, (pierna derecha afectada por unos calambres extraños) y respiras… pero ya no sirve de nada. Plantas cara que para eso eres buena águila culebrera, con unos espolones brutales, antivíboras que también las hay por el camino, y le cantas el salmo, la jugada de tute y la cartilla. Lo echas de un empujón de tu nido.

 

A los dos minutos lo borras de tu vida, osea fuera del móvil, y buscas argumentos de peso para echar a volar de nuevo en busca de un quebrantahuesos sabiendo que acabarás con algún pájaro de mal agüero. Te arreglas el plumaje y sigues obligándote a volar porque ningún buitre se merece ni una hora de vuelo más. Lo haces dolida por la confianza depositada y la energía perdida. Lo haces sabiendo que llegarás al nido y estará vacío y con esa sensación de vuelvo a dormir sola… y que tranquila. 

UNA COSA TE QUIERO DECIR…

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Ufff cuanto tiempo hace desde que Marimandi, una solterona del montón no daba señales de vida. ¿De vacaciones? ¿De viaje de placer? ¿En un “brake” ocioso? Sí, sí y más sí. Esa es la respuesta que me gustaría dar a todos aquellos que me paran a golpe de blog como lo hacen por la calle con “que delgada estas”. Y siempre me pasa lo mismo, no sé que se debe contestar ante tamaña pregunta sin esperar una nueva cuestión solicitando la maravillosa dieta. Mi respuesta hasta hace bien poco era “chica los disgustos” ¿pero siempre voy a estar disgustada?… ahora es más bien “la vida que me cuida muy mal”.

 

Esto no se debe contestar a mi vecina de no se que piso porque con dicha respuesta deja su mente volar y no hay nadie ya que la pare. Seguro que con un “ya decía yo” cerraba el caso sobre la investigación de mi profesión oculta. Pero sigamos con lo mío que me disperso… Tras la temida pregunta llega la mirada, de soslayo, pero que quede claro que te están analizando para decir así entre envidia y mala uva “chica no se como te lo has hecho”.

 

Y hablando de uva picada y de vino rancio se me viene a la mente estos meses. Nada que ver con un respiro, que ya llevas más de un año soltera y el tiempo apremia. Hasta tus tías repasan sus agendas mentales como si se tratara de tu listado de contactos de cualquier red social buscando el soltero, el dejado o el que nadie ha tomado aún (alguna tara tiene pero te lo dejan rebajado) con el fin de acabar con el mal llevado estado civil que parece molestar tanto.

 

Aiii ilusas… No saben que la sobrina que se sienta a comer paella frente a ellas cada domingo algún divertimento tiene. Ese por el cual tu hermana te masacra las costillas en cada comida familiar para que le cuentes algo en cuanto recuperes el aliento entre el tsunami de arroz y el dolor en el lateral. Y ella que se huele algo tampoco sabe que tienes un idilio, por llamarlo secreto, con alguien que no pega contigo ni con cola. Ni el mejor pegamento que te compraban a principio de curso y con el que jugabas a pegar papeles en la espalda del “palurdillo” de clase es capaz de acercar posiciones con el que a su vez te pone nerviosa a golpe de whassap.

 

Y las cosas que raras empiezan anormales acaban. Y si tienes a bien de darte oportunidades a ti misma, a pesar de la falta de parecido, pues chica dátelas también cuando te das cuenta que hay diferencias irreconciliables. Pero No. Tú como buena fémina sacas su fusta y golpe va golpe viene. Te pides explicaciones de que por qué no has sacado a pasear ese poder que te has comprado en la Tienda en Casa y con el que se supone que deberías haberlo visto, notado o sentido. Todo ello entre la cara de pava, los ojos de corderito degollado o esos suspiros que se te escapaban con cada mensajito, mirada o caricia. No te das cuenta que “no ce pas posible”. También te echas en cara, morro y a la espalda que echaras a lavar la armadura de mujer fría que sabe lo que se hace. Buenooo, ya puedes ir a por otra que los grilletes de ésta ya no dan o te sobra… tanta dieta es lo que tiene. Te recuerdas, fustigando, qué habrá salido mal, si has sabido dar espacio o simplemente qué es lo que no has sabido hacer para mantenerlo cerca.

 

Le das vueltas, se las das con tu mejor amiga, tu mejor amigo y tu terapeuta y llegas a la temible pero real respuesta, tú has hecho todo lo que estaba a tu alcance… pero… Y dale con el pero, maldito pero, te sigues dando de tortas ante lo que  sin duda es un fallo más en una vida llena de tropiezos y tras un trabajo interior “un flow”.  Puto flow de las narices, será que es la manera moderna de dejarte llevar por un tío varios años más joven que tú que solo piensa en la fiesta, la juerga, en fumárselo todo y en regalarte lo oídos para que tu no le comas la cabeza. Y todo funciona bien, fluye, gracias a las peroratas gratuitas a todas tus amigas que sirven de caja franca para depositar todos tus desvaríos y tus inseguridades cada vez que quedas con el ya sea en directo o a través de citas vía skype de lo más lucrativas.

 

Y llega un día, un mal día, en el que sí se despierta el olfato. ¿Dónde estaba cuando lo necesité? De juerga con el sexto sentido y de pachanga con tu intuición más masculina que nunca que no te habían avisado de que un día como este iba a llegar. Y tachánnn… descubres en una intrusión a los más íntimo de su ser que o bien se ha echado novia, o no la ha dejado de tener o esa amistad no tiene nada que ver con lo que tú habías aprendido hasta ahora. Y tras alguna excusa, muchos silencios, demasiadas pocas explicaciones se abre una pequeña fisura, que crece a voluntad de una, que te permite alejarte y tomar distancia.

 

Tus sonrisas ahora son irónicas y grapadas con destreza para que no se nete tu frio, tu helada postura. Vuestros juegos ahora son molestias, tus coqueteos casi son obligados en respuesta a un comportamiento que ni el propio Kafka hubiera logrado entender y sigues pensando ¿pero qué pasa aquí? Y aiii querida, para santa pregunta bendita respuesta. Ahí la tienes frente a ti, una venida a más porque a menos no se puede, con algún piercing, con cara del mejor amigo hombre, de pelo sucio lacio, con un estilo que ni los ochenta en sus mejores momentos se abre paso, firme y torcido, vaya no eres la única con luxación de cadera, que se piensa la reina del mundo y no se ha dado que su mundo se acaba al otro extremo de una canica. Esa misma que le cabe a través de un canalillo, un canalillo preparado a base de un sujetador tres tallas más pequeño, y que de la lorza hace teta como el que de la pena hace pan para comer a diario.

 

 Y te miras, te pones el pecho en el sitio, te mides la celulitis así a ojo y piensas pues chico has cambiado el sol por la luna. Fría, demasiado explorada, muchas visitas ha recibido ya, con cráteres de grasa bajo un short que ni es apropiado ni adecuado y con esa cara de… Esa cara de… chata me como el mundo ¿Y guapa como te lo comes? De rodillas y con toda la capacidad pulmonar jajajajja. Que bestia soy pero por lo menos tengo respuesta para todo y por eso te digo con mi talla de más y con mi un poco de vergüenza menos “Que sepas que tu eres todo aquello que puede conseguir y yo aquello todo aquello que ansía” (volviendo a la realidad y siendo sensata eso lo has dicho en tu cabeza y en bajito) y te quedas enojada con el mundo, contigo y con él. Con el mundo por probarte de nuevo, tú por no pasar la prueba y con él porque se trata de una revalidad.

 

Y después te creces, delante de una cerveza, una amiga y una conversación que nunca degenera en nada más que risas. Y no dejas de repetir tu próxima incursión en esa barra del bar o en esa conversación virtual en la que no puede faltar “Una cosa te digo, dos escopetas tengo”… Y no las utilizarás, ni lo intentarás pero al final concluyes que la mejor arma arrojadiza eres tú, esa mirada y ese saber estar en el mundo, nadando, buceando y ahogándote de vez en cuando pero siempre “fluyendo”.

LA RECETA DE LA FELICIDAD

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Hoy Marimandi se mete en harina para explicaros que las solteronas del montón también conocemos la receta de la felicidad.

Chicas hoy toca hacer gala de esas habilidades que se nos presuponen por ser mujeres, la cocina. Tú nieta de la abuela de Tarradellas que no hace pizzas pero que domina a la perfección cualquier cocido, guiso, sopa, asado…Y tú hija de esa mujer que a lo Ferrán Adrià prueba toda clase de transmutación alimentaria como la mousse de cangrejo o flan de pimientos. Un avance en la cocina creativa que finaliza ahí ante la imposibilidad de contar con nitrógeno líquido, porque si lo tuviera a mano, te haría los huevos pasados por agua como si de un tamtam indio se tratara.

Y tú que sí que eres apañada pero nada espectacular intentas marcarte un tanto y decides consultar el libro de las 1.000 recetas, fáciles y rápidas, de no se quien. Un libro que parece la trilogía del señor de los anillos para la cual también necesitas un diccionario, no en elfico, éste cocina-castellano, para conocer el significado de palabras tales como marcar, atemperar o espumar. Todo ello sin contar con los coqueteos con el francés que te obliga a poner morritos de piñón cuando te das el placer de pronunciar algún palabro vinculado con la pechuga de pollo a la no se qué con una tempura de que no se que otro.

Y justo al final, entre páginas, descubres una hoja amarillenta con unos trazos muy definidos. Es tu letra y en la misma está la receta de la felicidad. Guauuu que avanzada era yo ya con 12 años, yo y todas mis amigas, que creíamos que poniendo las cosas por escrito se cumplirían. Éramos una copia exacta a mamá pero sin ganas de aprobar y sin tufillo monjil. Adiós al “Virgen Santa, virgen pura haz que apruebe esta asignatura”, para ser más ambiciosas y pasar directamente a escribir la receta del amor… INCAUTAS…

Te sientas y decides leer de manera minuciosa como era el mundo a tus 12 años. Como abrazabas la felicidad y si estaba ya estaba vinculada con el amor, cuando tú, una de las más avanzadas de clase ya habías dado algún beso en la mejilla y habías conocido de cerca al que sin duda será tu tensión sexual no resuelta con los 27 recién cumplidos. Y ahí descubres que tienes delante la posibilidad de volver a ser feliz. Con una media sonrisa inicias la lectura.

INGREDIENTES:

1 kilo de amor

500 gramos de paciencia

100 gramos de predisposición

20 gramos de empatía

Una pizca de candidez

Un garbanzo de pasión

Y dos onzas de autoestima para recubrir

Y te quedas mirando, con la boca abierta, pensando como tú con 12 años en plena ebullición preadolescente eras consciente de palabras como pasión. Pero mucho más significativa era tu avidez a la hora de entender la importancia de la paciencia, predisposición y qué me dices de la empatía. Que seguro que pensabas que era algo vinculado con la tita Merche. Y te das cuenta que esa cría tenía entre las manos el santo grial de la felicidad, que se podía cuantificar en gramos y era asequible. Y tú con 27 años y un día de perros te ríes de lo ilusa que eras, pero te permites unos segundos después, llamarte ilusa a ti misma ahora, porque había algo tangible que te permitiría enseñar tus dientes torcidos y luchar contra las arrugas de expresión.

Así que te pones manos a la obra y decides arrancar con el kilo de amor. Madreeee y eso donde se encuentra… no sabes si el amor debe ser de pareja en ese caso habrá que modificar la receta, bueno nada diferente a tu madre, que a falta de harina de trigo se las apaña con la maíz. “No hará la subida igual pero todo se arregla con un poco de levadura”, y en este caso ¿qué es la levadura? Bueno supongo que el amor de madre vale por dos, así que echaremos en el bol el amor de hermana, de amiga, de amigo, de familia y doble ración de madre a ver como sale. Y un poco de amor de ese moreno con barba de tres días que te mira cada viernes y no se atreve a decirte nada. Esto lo ponemos para reforzar el sabor, es la pizca de sal, siempre necesaria en un pastel.

Venga más. Ostras paciencia. Pues creo que de eso no tengo suficiente. Sé que tenía un paquete entero en la despensa pero la bolsa tenía un pequeño poro y ha ido perdiendo. Ha perdido con los problemas ajenos, ha menguado con los propios, se ha rebajado con los consejos y uffff, no me llega, no me llega… A ver si permuta por otro tipo de capacidad como el saber escuchar… de eso a veces también voy corta, pues a ver si puedo rascar algo de capacidad resolutiva, creo que de eso voy muy bien y siempre le puede dar un sabor mucho más… áspero pero no por ello menos interesante.

Uiii la predisposición, de eso voy sobrada, la podría exportar y creo que si fuera pan quitaría el hambre en el mundo. Predispuesta a la escucha ajena, también teniendo en cuenta, que mi audición es selectiva y me disperso con facilidad. Predisposición a creer en toda clase de remedios y filtros como las citas a ciegas, el conocimiento de gente nueva o el rescate de viejas glorias con tensiones. Predispuesta a seguir recibiendo reveses de la vida con la cara por delante y con la certeza de que la torta picará de todas todas.

Empatía, empatía. Pues con la dieta decidí dejarla de lado un poco, tanta empatía me engordaba, me generaba gases y al final me avocaba a una intolerancia que sigue patente. Por eso la he apartado de mi menú diario pero puesto que la receta lo requiere volveremos a probarla. No nos vendrá mal.

El problema viene con la candidez. Esa palabra que será estupenda con 12 y con 27 es una quimera que has superado con los años. Cándida fui ahora soy más Dolores, pero bueno a ver si puedo apurar el paquete de sonrojos por miradas ajenas, de risas nerviosas con algún acorde de trompeta o de alguna visita furtiva a algún bar para forzar un recuerdo mutuo.

Llegan los garbanzos y no cualquiera, de pasión. Buenoooo, de eso no me acuerdo, y si tengo que hacer memoria, pues nada intentaremos acordarnos de lo que sentías, lo que te cuentan tus amigas y que gracias a la empatía, ves ves como sirve de algo, y seguro que conseguimos un sabor bien parecido.

Toda la mezcla va al horno, a fuego a tope, un horno que últimamente no está para bollos pero que creo que no dirá nada por una tarta. Un dulce que quiere ponerle los dientes largos a la dieta en la que está una sumida y que sólo aplauden los pavos de corral, en todas sus acepciones, pechugas, hamburguesas, muslos y la ensalada de la huerta sin apenas aliño.

Hoy me salto la dieta porque la felicidad bien se lo merece. Y cuando ha subido el bizcocho menos de lo que debería todo por culpa del amor, es lo que tiene el cambio de ingredientes, toca la cobertura. Y ahí la jodemos pero bien. Porque ni onzas, ni gramos, ni nada. De autoestima estamos bajo mínimos y creo que no tengo dinero suficiente para comprarla. Y no hay nada que la sustituya, nada que te permita enmascarar su falta y por la cual muchas veces mi inseguridad queda tatuada por todo el cuerpo sin posibilidad de borrar, ni con Fairy ni KH7, ese tufillo a “me siento una hormiga sobre el culo de un elefante”. Y tras pensar mucho rato creo que con un poco de azúcar de personalidad, un aroma de responsabilidad, unos trocitos de autoexigencia y esas risas que de vez cuando se me escapan de la boca queda concluida mi receta de la felicidad.

Y no es la auténtica y seguro que no sabe a felicidad pero sabe a Marimandi en expansión con una reminiscencia del sentirse bien y alguna pincelada de lo que fue, de lo que se quedó y de lo que seguramente no volverá.